La vitrina la protege, pero no impide que el brillo maraville, encandile, fulgure. Los hinchas van desfilando frente a la Copa del Mundo de la FIFA y no importa la edad: a todos les resplandecen los ojos. Posan para la foto y, después de unos instantes frente al trofeo más codiciado del deporte mundial, se van con su instantánea en la mano: sonrisas de fantasía y el dorado del oro de la Copa que todo lo tiñe.

El Tour del Trofeo de la Copa Mundial de la FIFA, organizado por Coca-Cola, llegó a la Argentina en un eterno trayecto de 152 mil kilómetros a lo largo del mundo. San Miguel de Tucumán fue la primera escala en el país y la carpa armada en la playa de estacionamiento del Hotel Hilton fue la sede donde desfilaron más de 15 mil tucumanos –récord hasta ahora en un mismo día– para percibir el aura de la Copa del Mundo en vivo y en directo, y sentir las experiencias futboleras en un evento tan inclusivo como innovador.

Sentir el fútbol

El viaje dentro de la carpa, diseñado para los fanáticos, es pura emoción. De a grupos de 40 ingresan por un túnel con piso de césped, y una lluvia de papelitos los recibe como si fueran las figuras de la selección. Como telón de fondo, se escucha el audio de la tribuna que brama. Un coordinador –megáfono en mano– los invita a fotografiarse con las gigantografías de Messi, Cristiano, Neymar o del francés Pogba. De un costado hay metegoles y, del otro, una cancha de fútbol-tenis donde Charly Iácono, campeón mundial de Freestyle en Londres 2016, desafía a quien se le anime. “Ahora me estoy preparando para el Mundial de Polonia. Ésta es una buena forma de entrenar”, dice, con una sonrisa dibujada, este ex jugador de las inferiores de Temperley.

Al fondo, un programa desarrollado especialmente para el Tour permite a los visitantes sacarse una foto con una figura del fútbol mundial, que posa en la imagen virtualmente, a través de una pantalla. El español Sergio Ramos, el holandés Gullit ya sin las rastas que lo hicieron famoso y el francoargentino Trezeguet son algunas de las figuras que aparecen en forma aleatoria en esta aplicación.

En otra de las atracciones, el fanático se toma una fotografía que luego se imprime en formato de figurita del álbum del Mundial, con nombre y apellido. Y hasta viene con adhesivo para poder pegarla.

Toda esa primera etapa sirve de calentamiento para la experiencia central del evento. El coordinador del megáfono vuelve a convocar a los fanáticos y los invita a ver la Copa, obra del escultor italiano Silvio Gazzaniga, realizada en oro macizo y de unos gigantes 36,8 centímetros. Un silencio reverencial se va quebrando por las exclamaciones de emoción y por comentarios que conmueven. Pasan de a uno o de a dos frente al trofeo: lo admiran y se sacan la foto que quedará para siempre en un lugar destacado de sus vidas.

Tucumán fue sólo el primer punto de contacto con los hinchas en la Argentina. La Copa siguió su viaje por Berazategui, Buenos Aires y Rosario. Y después rumbo a Colombia para llegar finalmente, unos días antes del comienzo del Mundial, a Rusia. A la espera de los nuevos campeones.

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