Tres amigos se encuentran, conversan y sueñan con empezar a hacer algo juntos; convertirse en sus propios jefes. Se imaginan el emprendimiento ideal: que le aporte un granito de arena al planeta, que sea sustentable y que genere oportunidades para los que menos tienen. Ponen manos a la obra y concretan su idea, que al poco tiempo se vuelve un éxito. Esa es la historia detrás de Madera Plástica Mendoza, un proyecto cuyo nombre describe con precisión de qué se trata, y que sorprende por las cualidades de su proceso productivo: la materia prima es 100% reciclada y en el proceso productivo se utiliza muy poca agua.

Carlos Arce, Leandro Cano y Pío Mauricio De Amoriza se conocieron hace más de 15 años, cuando trabajaban juntos en el área comercial de una empresa de telecomunicaciones. “Siempre quisimos ver qué más podíamos hacer. Nuestro objetivo era llevar adelante un emprendimiento de triple impacto: más allá de lo económico nos importa también lo social y lo ambiental”, explica Carlos a Journey. Así fue como encontraron en el plástico y el reciclaje un universo del que poco conocían, pero que se ajustó a la perfección a lo que imaginaban: “Lo vimos como una oportunidad para transformar la realidad; es un material muy bueno y simplemente era cuestión de preguntarse qué hacer con él”, afirma.

Como buena empresa mendocina, la primera respuesta que encontraron para ese interrogante estuvo relacionada a la industria del vino: su producto estrella son los postes para viñas, un mercado que tiene una demanda por temporada de más de cinco millones de unidades y que hasta la irrupción de este emprendimiento se fabricaban todos de madera. “Al ser de plástico, nuestros postes VIDPLAST no se pudren, así que tampoco necesitan ser tratados con arsénico. Es un producto firme, pero flexible, que no se quiebra ni con el viento ni con el golpe de una cosechadora”, se entusiasma Carlos. Y menciona que su empresa ofrece además otros beneficios: “Las bodegas son generadoras de residuos plásticos, así que nosotros les garantizamos la trazabilidad de todo ese material. Cuando colocan nuestros postes pueden decir que están recuperando unos 10.000 kilos de plástico por hectárea y evitan la tala de más de 300 árboles, lo cual también les sirve para abrirse paso a nuevos mercados”, resalta.

La inquietud por el reciclaje los llevó a interiorizarse también sobre los plásticos de un solo uso, como las bolsas del supermercado o las etiquetas de las botellas, que habitualmente se descartan del proceso de reciclado por las complicaciones para reconvertirlos en materia prima. Y para su propia sorpresa encontraron la manera de trabajar también con ellos: “Se requiere una molienda mucho más lenta que para el plástico más duro, pero sabemos que así estamos recuperando un material que de otra manera iría a parar a un relleno sanitario, y que nos ayuda a llegar a los 100.000 kilos de plástico reciclado por mes”, enfatiza Carlos, quien aclara que también fabrican desde ladrillos sustentables hasta adoquines, mobiliario urbano o tablas para decks.

“Una de las premisas para ser competitivos en el mercado es la de aprovechar un material que nadie quiere, así que haber logrado incorporar ese plástico a la mezcla de la que nacen nuestros productos es todo un logro”, amplía el oriundo de la localidad de Tres Porteñas. Y eso vale también para el otro componente esencial de este esquema de economía circular: los recolectores urbanos, a quienes se les abre un abanico de nuevas posibilidades. “A partir de ahora, ellos saben que pueden juntar esos plásticos porque nosotros se los vamos a comprar”, celebra Carlos.

Además de los postes para las viñas, Madera Plástica Mendoza fabrica ladrillos sustentables, adoquines, mobiliario urbano y tablas para decks.


Los socios encontraron también la fórmula para evitar el uso agua durante el lavado de la materia prima, y sólo recurren a ella para la etapa de enfriamiento, una verdadera novedad en la industria del reciclaje y algo esencial en una provincia como Mendoza, que enfrenta un grave problema de estrés hídrico.

Trabajo en red

Ubicada en la localidad de Junín, Madera Plástica Mendoza firmó un convenio con el municipio por el que recibe todo el plástico que descarta la ciudad. Y también cuenta con la colaboración de Coca-Cola Andina Argentina, una de las socias embotelladoras de la Compañía en el país. “Cuando las autoridades de Junín dieron lugar a la instalación de la planta recicladora de Madera Plástica Mendoza para la fabricación de postes para los viñedos, tomamos contacto con ellos. La tarea que realizan es muy interesante y nos pusimos a disposición para continuar con el apoyo que le brindamos al municipio desde hace tantos años”, explica Alejandra Cilia, Coordinadora de Calidad de Mercado de Coca-Cola Andina Argentina. Y agrega: “Este año les entregamos una transpallet pesadora para control de cargas de PET y una apiladora para facilitar su tarea de acopio”.

La estructura es pequeña –trabajan siete personas–,  pero aspiran a seguir creciendo. “Queremos extender el acuerdo público-privado que tenemos en Junín a otros puntos de la provincia y así aprovechar toda nuestra capacidad productiva: por el volumen que manejamos, hoy solamente encendemos las máquinas durante un turno”, describe Carlos.

Por lo pronto, los cimientos ya están puestos. Y como si fuera un homenaje a la Cordillera de los Andes, tan omnipresente en esas tierras, atrás de la planta se erige una enorme pila de plásticos ya clasificados y listos para entrar a la molienda. “Cada vez que la vemos nos inspira”, confiesa Carlos. Y concluye: “Para muchos puede ser basura, pero nosotros vemos una montaña de oportunidades”.

Si querés conocer Arqlite, la compañía de tecnología de reciclado que se convirtió en la primera inversión del fondo de capitales Kamay Ventures, conformado por Coca-Cola y Arcor, leé esta nota