Dicen los que saben que las maratones tienen su momento de quiebre en el kilómetro 30, cuando el cuerpo empieza a pasar factura y la mente debe asumir un rol protagónico para cumplir el objetivo de cruzar la meta. Por eso es habitual que en ese punto del trayecto se sumen las “liebres”, corredores que se acoplan a los que ya están corriendo para acompañarlos y darles aliento en el tramo final. Durante la 35ª Maratón de Buenos Aires, Victoria Furque, Analista de Inventario de Coca-Cola de Argentina y aficionada al running desde hace seis años, fue una de ellas.

Si bien participó en varias carreras importantes –incluso en la Maratón de Chicago, una de las más importantes del mundo– en esta oportunidad Victoria se estaba recuperando de una lesión que le impedía correr los 42 kilómetros. Pero igual quiso ser de la partida y aprovechó para apoyar a su amigo Matías Villard, que participaba de su primera maratón. “Correr es hermoso y pasar el arco de la llegada también. Alentar no se queda atrás, es súper divertido y te llena de una energía que no sabés de dónde sale”, le contó Victoria a Journey mientras esperaba en la esquina de la avenida San Juan y Bernardo de Irigoyen el arribo de Matías, que había partido desde los bosques de Palermo. “Siempre le decía que se anotara en alguna maratón y al final se animó por mi insistencia ¡Ya corre más rápido que yo!”, reconoció Victoria, que miraba ansiosa pasar a los corredores para detectar a su amigo.

Matías llegó al punto de encuentro muy concentrado y sin tiempo para saludos; ella arrancó a toda marcha para seguirle el ritmo. Así fueron, juntos, hasta la recta final sobre la avenida Figueroa Alcorta, donde se veía la meta clara en el horizonte.

La ayuda que hace la diferencia

En lo formal, la carrera comenzó a las 7 de la mañana, cuando la invitada de honor, la ex tenista Gabriela Sabatini, bajó la palanca roja y activó la sirena que dio la señal de largada a los atletas. Pero lo cierto es que la actividad en la zona arrancó cuando todavía no había amanecido, con los fondistas haciendo la entrada en calor.


La organización garantizó el acceso a una buena hidratación a través de 15 puestos ubicados estratégicamente a lo largo de todo el recorrido, donde los atletas pudieron acceder a botellas de Powerade –hidratador oficial de la carrera– y de Bonaqua, el agua de la Compañía Coca-Cola. Para descartar esos envases de manera correcta, además, Coca-Cola colaboró con la instalación de 900 cestos de residuos, cuyo contenido fue recolectado por la cooperativa de reciclaje El Ceibo luego de la competencia.

Con la medalla colgada y tratando de aquietar la respiración luego de 3 horas, 39 minutos y 47 segundos de carrera, Matías resaltó la importancia del apoyo de su amiga, una fanática del running que se levanta a las 6 de la mañana para entrenar antes de ir a trabajar. “Que te acompañen es el mejor aporte para no bajar los brazos en los kilómetros finales. En ese tramo ella me alentó, me apoyó y hasta me ayudó a mantenerme bien hidratado”, dijo abrazando a Victoria.

Matías y el resto de los 10.396 atletas que este año participaron de la Maratón de Buenos Aires cumplieron un objetivo tan ambicioso como anhelado: desafiar los propios límites y correr los 42 kilómetros más convocantes de Sudamérica.

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