Se llama María Laura Oviedo, pero todos la conocen como Marita. Desde hace 22 años, esta riojana madre de dos hijas cruza la ciudad todos los días arriba de su moto para ir de una punta a otra a reponer las bebidas de Coca-Cola en las góndolas y heladeras de los supermercados. Es la primera y única mujer de la provincia en hacer este trabajo para Coca-Cola, pero para ella no es solamente una reivindicación de género sino, ante todo, una aventura que encara cada mañana con alegría.

“Me encanta lo que hago”, confiesa a Journey Marita, que entró al Sistema Coca-Cola como promotora cuando tenía 18 y era estudiante universitaria. Dos años más tarde, tuvo la posibilidad de ocupar su posición actual, un desafío que no dudó en aceptar a pesar de que iba en contra de lo que dictaban las tradiciones. 

“El año pasado, la gerenta de un supermercado no confiaba en que pudiera cumplir con mis tareas”, cuenta, y asegura que esa fue la única vez en todo este tiempo que sintió que la discriminaban por ser mujer. “Me decía que el mío es un trabajo de hombres, porque hay que hacer mucha fuerza para mover los pallets y que yo soy muy menudita para eso. Pero le pedí que me diera una oportunidad. Por suerte aceptó y anduvo todo bien”, dice, y se ríe al recordar ese momento. 

Marita resalta que sus compañeros en Arca Continental, la socia embotelladora de la Compañía para la que trabaja, la consideran como una más del equipo y jamás le hicieron sentir que había una diferencia entre ella y ellos.

El día a día

La jornada laboral de Marita comienza a las 6 de la mañana: una vez que el camión repartidor deja la mercadería en el depósito de algún supermercado, ella viaja hasta allá en su moto, se calza los guantes y acomoda las latas y botellas en las góndolas y heladeras. En un día normal de trabajo puede encargarse de dejar a punto los envases en unos siete establecimientos, reponiendo en cada uno de ellos hasta 50 packs de bebidas.

Mamá de Valentina (17) y de Guadalupe (3), esta riojana de pura cepa dice que desconoce qué le deparará el futuro, pero sabe muy bien lo que le gustaría. “Llevo un largo camino recorrido en la embotelladora, así que quisiera seguir creciendo aquí adentro. Coca-Cola forma parte de mi vida, no me imagino en otro lugar”, desliza Marita, a la que sus hijas cargan por su vínculo con la marca: “Es que estoy pendiente de los productos de Coca-Cola hasta cuando nos vamos de vacaciones y entramos a algún almacén”, sonríe. Así hace valer sus credenciales como la única mujer repositora de la marca de La Rioja.

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