Los cuatro viven en distintos rincones de la Argentina y no se conocen personalmente, pero tienen al menos dos cosas en común: todos trabajan en alguna de las socias embotelladoras que pertenecen al Sistema Coca-Cola en el país, y decidieron dedicar buena parte de su tiempo libre y energía para ayudar a quienes más lo necesitan tras la irrupción del Covid-19. Y cada uno, a su manera, generó un gran impacto en su comunidad con la solidaridad como estandarte.

Marcos y su impresora 3D

Como buen ingeniero electrónico, sólo es necesario que a Marcos Cvitkovic le planteen un problema para que se ponga a buscar una solución. Así fue que el Supervisor de Producción de Arca Continental en Formosa encontró la manera de elaborar protectores faciales en tiempo récord. Enterado de las dificultades para construir esta pieza clave en plena pandemia, Marcos diseñó dos modelos que están listos en apenas 45 minutos y decidió materializarlos él mismo con su impresora 3D: al cierre de esta nota llevaba terminados 280, que fueron destinados tanto a sus compañeros de trabajo como a aquellos hospitales donde los insumos no abundan.

Una vez que conocieron la idea, en la embotelladora para la que trabaja le ofrecieron aportar el PET virgen con el que Marcos ensambla a las piezas que imprime en su casa. Las máscaras que dona a los centros de salud las prepara con las vinchas clásicas de este tipo de protección; pero para las que entrega a sus colegas y empleados de otros centros de distribución de Arca Continental en el país ideó una solución práctica y muy efectiva: un sistema de ganchos que permiten adosar la protección a las gorras que utilizan los trabajadores en el día a día.

Marcos Cvitkovic y una de las máscaras que desarrolló para utilizar en el trabajo. 

“Quería colaborar de alguna manera y no sabía cómo, hasta que apareció esta oportunidad”, revela Marcos, que contagió su entusiasmo a varios de sus compañeros, que ahora lo ayudan a recortar los plásticos para acelerar los tiempos de producción.

Natalia y una acción familiar

Natalia Riquelme, Jefa de Depósito Interior de Arca Continental en Goya, provincia de Corrientes, decidió poner manos a la obra luego de descubrir que en la región escaseaba un insumo básico en estos tiempos: el barbijo. “Soy resolutiva. Investigué de qué tela tenían que hacerse, la compré y me puse a confeccionarlos por mi cuenta”, relata.

Primero preparó unos 80, que repartió entre sus compañeros de trabajo; pero luego se entusiasmó y junto a su marido y su madre llegaron a fabricar unos 500, que ayudaron a cubrir las necesidades de los hospitales y de la policía local. “Es mi aporte; un granito de arena en esta situación tan particular”, define Natalia, quien agrega: “Soy de creer que venimos a la Tierra a mejorar como personas a través de las pequeñas acciones. Y este es el momento de cuidarnos entre todos”.

En casa y con su familia, Natalia Riquelme confeccionó unos 500 barbijos. 

Carlos cubre toda la cancha

Al igual que en su etapa como futbolista profesional, que comenzó sin prisas en el Club Atlético Liniers de su Bahía Blanca natal y alcanzó su pico máximo en Villa Mitre, donde su aporte goleador le permitió al equipo jugar por primera vez en el Nacional B, Carlos Yulita ingresó a Coca-Cola Andina hace 14 años como repositor y, de a poco, fue creciendo hasta llegar a Team Leader Indirecta en su ciudad. Pero que esté retirado de la actividad deportiva no significa que haya abandonado los valores que le inculcó la pelota: sigue creyendo en el trabajo colectivo y en la importancia de no bajar nunca los brazos.

Esa filosofía es la que en plena irrupción del coronavirus lo llevó a unirse a un grupo de WhatsApp solidario junto a más de 180 excolegas del fútbol. El mensaje inaugural se envió el 22 de marzo, al tercer día del aislamiento social, preventivo y obligatorio en nuestro país y enseguida cosechó sus frutos: en la primera acción lograron reunir más de 1.200 litros de leche y para la segunda juntaron más de 1.000 paquetes de fideos. Al momento de la charla con Journey, Carlos y sus excompañeros se encontraban a punto de concretar una compra de cientos de kilos de polenta.

“Demostramos que es fácil colaborar, que es cuestión de tener ganas. Si hoy podemos ayudar tenemos que hacerlo; luego, si nos toca a nosotros estar pasando un mal momento, seguramente esa energía vuelva. Así me formaron en mi casa y en las divisiones inferiores del club, y así también es como quiero que piensen mis hijos”, resume Carlos, que cuenta que una vez que reciben el cargamento lo distribuyen a los comedores de sus barrios, dándole prioridad a aquellos que no tienen asistencia estatal.

Carlos Yulita participa de un WhatsApp solidario a través del cual se juntan donaciones que luego son distribuidas a comedores que no reciben asistencia estatal.

Nicolás, un rostro de la juventud solidaria

La conexión entre el Sistema Coca-Cola, el deporte y la solidaridad no termina ahí: ahora la pelota viaja 650 kilómetros hasta Quilmes Oeste, donde Nicolás Aguirre, Operario de Jarabes en Reginald Lee, impulsa junto a seis amigos una olla popular en la Sociedad de Fomento Dos Avenidas, el club en el que jugaban al fútbol cuando eran niños.

Movilizados por la crisis que agudizó la pandemia, Nicolás y su equipo iniciaron este desafío a pulmón, apoyándose sobre todo en las donaciones de los comercios cercanos. “Queremos hacerles llegar un plato de comida caliente a aquellos que están pasando necesidades. Creo que como vecinos nos corresponde dar una mano en esta situación”, explica durante la visita de Journey a la planta de la embotelladora de Coca-Cola en Ranelagh.

De esta forma, Nicolás dedica buena parte de su tiempo libre, incluidos sábados y domingos, a cocinar y entregar las viandas, una acción que alcanza hasta a 200 personas por día. “Creo que con el esfuerzo de todos vamos perfilados a preparar ollas para cada vez más personas”, se ilusiona Nicolás, que espera seguir adelante con la campaña incluso una vez que el aislamiento se termine y el panorama comience a mejorar para todos. Un mensaje positivo en un contexto tan complejo como el actual: los valores solidarios que florecieron a partir de la crisis parecen estar echando raíces fuertes.

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