El cartel en su oficina, que atesora con cariño, le recuerda la fecha: 2 de mayo de 1989. Ese día, Sonia Marinic pisó por primera vez la embotelladora de Coca-Cola en Trelew, Chubut, para trabajar como química. Y desde entonces su trayectoria no se detuvo, al punto de que en 2008 se convirtió en la primera mujer en ocupar el cargo de Gerenta de Planta, puesto que mantiene todavía. Esto de ser pionera no es una novedad para ella, sino que ha sido una seña particular en su carrera. Cuando aquel primer día de trabajo, 30 años atrás, miró a su alrededor, descubrió que la suya era la única presencia femenina en el lugar.

“Había empleadas en el área comercial, pero los sectores estaban muy separados entre sí. En la parte productiva, no había ninguna. ¡Y así estuve durante mucho tiempo! Es cierto que en ese momento era algo disruptivo, pero hoy las cosas cambiaron y ya todo está más equilibrado”, asegura Sonia en diálogo con Journey. “Al principio tuve que acostumbrarme, pero no fue un proceso complejo porque el entorno me ayudó mucho; siempre hubo respeto entre todos y nos tratamos como iguales. La política inclusiva de la Compañía allanó mi camino”, destaca.

Oriunda de Luján, provincia de Buenos Aires, Sonia se había mudado a Chubut unos años antes en busca de nuevas oportunidades laborales que no tardaron en aparecer; trabajó primero en la planta Menipal y luego en Coca-Cola Andina. En la planta también formó su familia: fue en la embotelladora donde conoció a su marido y padre de sus dos hijos, Andrei y Nadia. “Siempre fui una apasionada de lo que hago y el negocio te absorbe, entonces al principio me costó encontrar el equilibrio a la hora de encarar la maternidad”, reconoce. Y agrega un detalle no menor: “Además, eran otras épocas y las mujeres teníamos que trabajar mucho más para demostrar que estábamos a la altura del puesto”.

Sin rutinas

Sonia cuenta que en la actualidad, mientras desayuna suele empezar a leer los informes productivos y a las 8 de la mañana ya está en su oficina. “Todos los días tenemos desafíos nuevos, lo que nos obliga a estar atentos y a aprender constantemente para mejorar. Acá no existe la rutina”, asegura sobre el día a día en la planta de Trelew, que produce unos 45,5 millones de litros de bebidas anuales.

Sonia enfatiza que en estos 30 años, además del grado de participación femenina dentro de la planta también hubo cambios importantes en materia de seguridad y cuidado del ambiente, en línea con los compromisos globales de la Compañía. Pero subraya que hay algo que se mantiene inalterable, y es el sentimiento de pertenencia de los empleados. Ella no es la excepción: “Es una Compañía que te hace sentir orgullosa de formar parte, de representarla a donde vayas. Es una gran parte de mi vida. Casi que me corre Coca-Cola por las venas”, se ríe.

En cuanto al futuro y a la hora de afrontar una nueva etapa de su vida, Sonia es clara: “Estoy llena de proyectos y me encantaría seguir trabajando, pero también entiendo que hay que dejarle lugar a los más jóvenes”, dice y se emociona al pensar en su vida fuera de la planta. Pero enseguida aclara: “Antes de dar un paso al costado quiero consolidar muchas cosas. Y bueno, cuando me toque irme, sin dudas me llevaré todo esto en mi corazón”.

Si querés conocer más sobre la cultura laboral diversa e inclusiva de Coca-Cola, hacé click acá