Corría el mes de marzo y la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaraba al coronavirus como una pandemia. Eran días de incertidumbre en la Argentina: había unos pocos casos positivos y todavía no se hablaba del aislamiento preventivo y obligatorio que una semana más tarde se hizo realidad. Frente a las noticias que llegaban desde Italia y España, donde los sistemas de salud estaban colapsados y el panorama era desgarrador, Daniel Canullo, que trabaja en el sector de IT de Coca-Cola para el Sur de América Latina, entendió que no era tiempo de quedarse de brazos cruzados sino de ver cómo colaborar para evitar que esas imágenes se replicaran en nuestro país. Finalmente decidió llamar a su amigo Maximiliano Pereira y le hizo una pregunta que podría descolocar a cualquiera: “¿Cómo te ves fabricando un respirador artificial?”.

Lejos de asustarse ante el desafío de lo desconocido, el técnico electrónico armó un bolso, dejó su casa de La Plata y se instaló en lo de Daniel, en Florencio Varela, donde la dupla comenzó a trabajar a toda velocidad. Fueron tres semanas muy intensas que dieron su fruto: de todo ese esfuerzo nació Respiratoro, un ventilador mecánico totalmente funcional de bajo costo y realizado con una impresora 3D, a partir de los elementos que pudieron conseguir gracias a los servicios de motomensajería a prueba de cuarentena.

“Sabíamos que los tiempos eran limitados, así que durante los primeros días de la pandemia investigamos mucho, y mantuvimos una comunicación estrecha con profesionales de la salud para conocer de primera mano las características que necesitaban en un respirador”, explica Daniel. El objetivo era lograr un producto económico, rápido para construir y fácil de armar, y de calidad. “Si bien no pretendemos que compita contra un equipo de alta gama, lo cierto es que conseguimos características similares. Desarrollamos un sistema que cumple todas las funciones que se requieren para tratar a un paciente de Covid-19 en grave estado”, asegura.

DANIEL_CANULLO_RESPIRADOR_ARTIFICIAL
Inquietos por naturaleza y movilizados por ayudar en plena pandemia, Daniel y Maxi trabajaron casi sin pausa durante tres semanas.

Respiratoro fue evaluado por médicos del Hospital Español de La Plata, quienes comprobaron que cumple con los requisitos y normas para su desarrollo. Ahora, el objetivo de Daniel y Maxi es que una empresa pueda producirlo en serie, con la idea de que llegue pronto a donde se lo necesite. Según estiman, con la maquinaria adecuada se podría fabricar al menos una unidad cada cuatro horas. “La idea es hacer un aporte para resolver un problema complejo. Queremos que sirva tanto en Argentina como en los países limítrofes o en cualquier otra parte del mundo donde pueda ayudar. Por eso nos apuramos tanto para tenerlo listo; este es un momento en el que tenemos que pensar en el otro más que en uno mismo”, enfatiza Daniel.

Una visión particular

“Siempre se nos ocurren ideas locas, un poquito radicales y diferentes a lo que haría normalmente una persona”, asegura Maximiliano sin poder disimular la sonrisa. Es que más allá de la vocación de servicio, a la hora de pensar en las razones por las que decidieron encarar este proyecto tan desafiante, ni él ni Daniel dudan en que está en sus ADN. “Nos caracterizamos por dedicarnos a los temas más complejos. Somos de los que vamos a la tarea difícil”, resume Daniel.

Esa definición no es menor, sino que describe a la amistad que forjaron hace unos seis años cuando se conocieron a través de un sitio web de compraventa: cuando Maxi le vendió a Daniel unas plaquetas electrónicas, descubrieron que ambos estaban interesados en ciertos temas poco comunes como los generadores de hidrógeno que se utilizan para optimizar el combustible de un vehículo, entre otras funciones. Hoy los dos mantienen ese hobby, pero no es el único: también están construyendo una impresora 3D gigante, del tamaño de una habitación, con la que apuntan a fabricar autopartes.

“También tiene que ver con que somos personas de mucha paciencia”, justifica Maximiliano, que arrastra su curiosidad por cómo funcionan las cosas desde los cinco años, cuando desarmó un control remoto que no andaba y consiguió repararlo. “Me doy un poco de maña con las cuestiones mecánicas y Daniel es mejor que yo en la parte estética, así que nos complementamos bien”, agrega. Y concluye ilusionado: “Juntos y con dedicación podemos armar un sistema, de lo que sea. Inclusive un respirador artificial”.

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