Todos los años miles de turistas visitan la provincia de Tierra del Fuego, en el extremo sur de la Argentina, en busca de un contacto más directo con una naturaleza típicamente austral. Ubicado a 12 km al oeste de Ushuaia, la capital, se encuentra el Parque Nacional Tierra del Fuego con paisajes inolvidables, herencia de una glaciación aún palpable: valles colgantes; lagos; bahías y un gran número de turberas, que son humedales formados por la acumulación de “turba” o materia orgánica.

Compuestas por 90% de agua y 10% de vegetación, las turberas juegan un rol fundamental en la conservación de la biodiversidad, al regular el ciclo hidrológico y el del carbono. “Su función es clave: almacenan grandes volúmenes de agua, reducen los picos de crecida y aportan a los sistemas de escurrimiento cuando el agua es escasa”, describe Daniel Blanco, Director Ejecutivo de Fundación Humedales, una organización sin fines de lucro que busca preservar y restaurar los humedales, sus recursos y biodiversidad.

Daniel recibe a Journey en su oficina del barrio porteño de Colegiales, pero sus explicaciones y las fotos que muestra nos transportan 3.000 km al sur, donde las turberas ocupan el 13% de la superficie de la provincia. Ornitólogo apasionado, Daniel dedica gran parte de su tiempo y conocimientos a preservar la turbera fueguina de Río Valdez, que con 15 hectáreas de extensión constituye un importante reservorio de agua dulce.

En 2015, la Fundación Humedales fue premiada en el Concurso de Agua, que desde hace 11 años organiza Coca-Cola de Argentina junto a Fundación Vida Silvestre Argentina, por su proyecto para potenciar la recuperación y conservación de esta turbera de Tierra del Fuego. Tres años después de haber recibido el galardón, el trabajo realizado junto a la Universidad Nacional de Tierra del Fuego (UNTDF) muestra excelentes resultados.

Naturaleza recuperada

Daniel explica que la turbera de Río Valdez se había secado, pero que clausurando su sistema de drenaje se logró reabastecer con agua de lluvia y, así, volver a convertirla en un humedal. “La turbera ya está recuperada hidrológicamente. Ahora falta la recuperación ecológica, la de la vegetación, que tarda unos años más. Pudimos recuperar la función natural de control hídrico ubicando estratégicamente compuertas para regular el flujo y el paso del agua”, señala y resalta: “Unas 3.000 personas visitan esta reserva al año por lo que, además de la importancia de haberla recuperado por su función hídrica y ecológica natural, se convirtió en una gran herramienta para difundir la cultura del cuidado del medio ambiente entre los más jóvenes”.

En sus 11 años de existencia, el Concurso de Agua ya benefició a 120.369 personas de manera directa y a 512.477 de manera indirecta. Desde su primera edición en 2006, contribuyó con más de 5.000.000 de pesos para el financiamiento de 27 proyectos en 13 provincias del país.

Si querés saber más sobre el Concurso de Agua que organiza Coca-Cola de Argentina junto a Fundación Vida Silvestre Argentina, hacé click acá.