En General Pacheco, provincia de Buenos Aires, funciona una planta recicladora única en el país. Uno de sus clientes más importantes es Coca-Cola, que a través de su programa global Un Mundo sin Residuos aspira a recuperar y reciclar para 2030 el 100% del equivalente a los envases que pone en el mercado. Te invitamos a conocer cómo funciona esta planta modelo.

Los fardos atados con alambres se acumulan en un gran playón antes de ingresar a Ecopek. Sólo de cerca se advierte que el material prensado son botellas. De hecho, se trata de cientos de miles de envases de plástico PET (tereftalato de polietileno) que pronto se trasladarán puertas adentro de la planta recicladora ubicada en General Pacheco, provincia de Buenos Aires. De allí saldrán transformadas en “pellets” (gránulos) de PET, que luego serán nuevos envases en un proceso virtuoso de reciclado.

Para conocer el paso a paso de esa transformación, Journey se adentró en la planta, que funciona desde 2011 y ocupa una superficie de alrededor de 10 mil metros cuadrados. Las normas de seguridad son estrictas: anteojeras especiales, calzado con punteras, protector auditivo y casco. Carlos Briones, Gerente de Relaciones Institucionales de Ecopek, genera conciencia ya desde sus palabras de bienvenida. “No les damos a los materiales que desechamos en nuestra vida diaria el destino ni el tratamiento que deberían tener. Las botellas de PET son 100% reciclables. Cuando vos recuperás una botella, dejás de fabricar una con material virgen. Por consiguiente, consumís menos energía y generás menos gases de efecto invernadero, entre muchos otros beneficios”, explica Carlos.

Ecopek trabaja los siete días de la semana durante las 24 horas. La planta tiene la capacidad de obtener mil toneladas de “pellets” por mes. Pero el mayor desafío está en la recolección diferenciada para la recuperación del material. Si lograra aumentarse, la planta podría duplicar sus volúmenes. De hecho, cuenta con espacio para nuevas maquinarias que podrían aumentar la producción.

Paso a paso

La primera parte del proceso consiste en la recepción del material, que llega a través de cooperativas, acopiadores y algunos municipios. Frente al playón donde se reciben esas botellas de PET, Carlos comienza a contar los pasos de las distintas líneas de la producción.

“Una vez que el material ingresa a la planta, se corta el alambre de los fardos y las botellas pasan a una fosa y luego a una máquina de clasificación (tromel). Es un gran cilindro en el que los envases van perdiendo las etiquetas”, describe Carlos.

Mientras avanza con el relato, el paseo continúa por uno de los galpones de la planta, donde se realiza el primer lavado de las botellas en unas máquinas que son como lavarropas gigantes. Se utiliza agua a 95 grados de temperatura, soda cáustica y detergente. “El primer proceso termina con una escama de PET súper limpia. Es el material lavado y cortado en pedazos pequeños. Otra máquina se encarga de separar el collar y la tapita de la botella, que contienen otro tipo de plástico”, agrega Carlos.

En otra de las alas de la planta, más máquinas continúan con el proceso de exclusión y cristalización para terminar de descontaminar el material. Después de las pruebas de laboratorio, el material sale transformado en pequeños gránulos (“pellets) de PET.

“El grado alimenticio es una certificación que otorga el Ministerio de Salud al material reciclado. Eso significa que se lo puede usar en contacto con alimentos. Nuestros 'pellets' son utilizados por las empresas que fabrican envases: los mezclan con material virgen y generan preformas. Así, podemos hablar de un círculo virtuoso de la botella”, explica Carlos.

Coca-Cola es uno de los clientes más importantes de Ecopek, una empresa de Alpek Polyester, que tiene operaciones en Estados Unidos, México, Brasil y Argentina. “De alguna manera, Coca-Cola generó la construcción de esta planta por su necesidad de reciclar. Ésta es la única empresa de su tipo en un país en el que falta generar mucha conciencia. Es fundamental separar los desechos en origen. Cada ciudadano debe tener muy en cuenta qué hace con el residuo que genera. Es muy difícil que una botella vuelva a la industria si se la deposita en una bolsa de residuos y de ahí pasa a un basural. Debemos apuntar a una economía circular y lograr el aprovechamiento de todos los materiales reciclables”, explicó.

Al terminar el recorrido, Carlos muestra con orgullo unas pequeñas bolsas de plástico que contienen los valorados “pellets” obtenidos a partir de material reciclado. Algo que en algún momento fue una botella pronto será otra. Un círculo perfecto y beneficioso para todos.

Si querés conocer cómo trabaja la planta de reciclaje grado alimenticio más grande del mundo leé esta nota.