La plaza Vaticano, junto al célebre Teatro Colón de Buenos Aires, suele albergar espectáculos al aire libre. Pasaron por allí desde el catalán Joan Manuel Serrat hasta Les Luthiers y el director de orquesta Daniel Barenboim. En los últimos días, ese espacio se convirtió en sede de una intervención artística destinada a generar conciencia sobre el cuidado del medio ambiente. Con motivo del Día Internacional del Reciclaje, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires instaló allí un verdadero laberinto serpenteante formado por 15.000 botellas de plástico PET.

La obra, realizada por Luzinterruptus -un colectivo artístico español especializado en acciones de concientización sustentable- junto a cooperativas y voluntarios de la Ciudad, buscó convertirse en una señal de alerta para el consumo responsable.

“En la actualidad hacemos un uso excesivo del plástico. Por eso, esta instalación tiene como fin que sigamos reflexionando sobre la importancia de reciclar y de adoptar una lógica de consumo circular para que las cosas que compramos pueden volver a formar parte de la industria”, explicó a Journey Eduardo Macchiavelli, Ministro de Medio Ambiente y Espacio Público porteño.

Recorrer este laberinto lleva pocos minutos, los suficientes para entender que el reciclaje es el único camino posible. De noche, las llamativas botellas iluminadas potencian el mensaje: “Salí con una sensación de angustia, de agobio, al ver tantas botellas juntas”, señaló Bárbara Martínez, una venezolana que vive desde hace cinco meses en Buenos Aires y ya se siente porteña.

Por su parte, Paula Salatino, una vecina del barrio de San Nicolás, recorrió el laberinto de la mano de sus dos pequeños hijos. “La obra es buena para concientizar a la gente. Nos llamó mucho la atención ver lo que hicieron con tantas botellas. Es importante entender que se pueden volver a usar o reciclar”, enfatizó Paula.


La industria de las bebidas emplea mayormente plástico PET –tereftalato de polietileno–, que es completamente reciclable y permanece intacto durante diez años. Su larga vida útil lo convierte en un material de calidad que puede reutilizarse fácilmente a través de un proceso de reciclaje.

“Las grandes empresas, como es el caso de Coca-Cola, son motores de este proceso de transformación y quienes pueden liderarlo; a eso apostamos: a que no sea solamente la sociedad, el vecino de a pie, sino también las organizaciones que promuevan un uso consciente”, destacó Macchiavelli.


 

Coca-Cola, por Un Mundo sin Residuos

En enero de este año, Coca-Cola anunció el lanzamiento de “Un Mundo sin Residuos”, un plan  estratégico global por el que se compromete a recolectar y reciclar el equivalente al 100% de los envases que pone en el mercado para el año 2030. Esta iniciativa se desarrolla en sintonía con la importante inversión de la Compañía en investigación y desarrollo para lograr que los empaques sean totalmente reciclables.

Si querés saber más sobre cómo Coca-Cola trabaja para reciclar sus envases, mirá esta página