Rubricado en 2017, el acuerdo busca diversificar la producción y desarrollar variedades que se adapten a la demanda industrial de naranjas.

A diferencia de lo que sucede con otros cítricos, como los limones, en Argentina las naranjas destinadas a la producción industrial son en realidad descartes del mercado de frutas frescas; es decir, perfectas para consumo pero por motivos principalmente estéticos no son consideradas aptas para llegar a las verdulerías. Esto genera dificultades para los fabricantes de jugos, que no cuentan con materia prima específicamente cultivada para esos fines, ni la garantía de un volumen estable de naranjas para proyectar con cierta previsibilidad.

Como principal comprador de cítricos en el país, y con la intención de triplicar la adquisición de jugo concentrado de naranja –espera comprar al mercado local 18.000 toneladas anuales para 2025–, cuatro años atrás Coca-Cola Argentina estableció un convenio de asistencia técnica con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) para desarrollar tecnología y métodos que permitieran diversificar la producción local de naranjas. Un trabajo ambicioso que ya arroja resultados preliminares alentadores.

La primera gran conclusión de las investigaciones es que Argentina está en condiciones técnicas de tener lo que se denomina “producción dedicada”. “Lo más importante es la calidad interna: que cada naranja tenga mucho jugo y una relación justa de acidez. No hace falta que ‘entre por los ojos’, como sí pasa con las naranjas que van a consumo como fruta fresca. Una cáscara defectuosa o que no presente un color óptimo no es tan relevante. Y lo mismo pasa con la cantidad de semillas”, describe a Journey Fernanda Rivadeneira, ingeniera agrónoma de la Estación Experimental Agrónoma (EEA) del INTA en Concordia, Entre Ríos, y Responsable Técnica de este proyecto.

En ese sentido, el trabajo del INTA permitió detectar algunas variedades de naranjas que no eran las más difundidas a nivel comercial en el país, pero interesantes para su aprovechamiento para hacer jugo. Pero eso no es lo único: los estudios determinaron también que los manejos nutricionales y fitosanitarios deben ser diferentes según si la naranja se usa en la industria o va a la verdulería.

“Estamos muy esperanzados y seguimos trabajando”, aseguró Rivadeneira. Es que, según explicó, a los árboles frutales “hay que saberlos esperar” y todavía se aguardan más resultados concretos en las implantaciones realizadas por el INTA en suelo entrerriano. “Cuatro años es poco tiempo para evaluar este tipo de cultivos, que entran en producción recién en el quinto o sexto, y en producción plena a partir del décimo. Hay que pensar en esto como algo a largo plazo”, aclaró.


Herramientas que quedan instaladas

Mientras aguardan con paciencia y dedicación que los tiempos de la naturaleza hagan su parte, desde el INTA enumeraron una serie de desafíos para lo que resta del convenio: por un lado, la evaluación de factibilidad económica, lo que hará que esta diversificación productiva pueda pasar de la teoría a la práctica; por el otro, continuar con el análisis de variedades nuevas y sus rindes. Mientras tanto, un objetivo clave es difundir esta información entre los productores, con la idea de acompañarlos para que puedan incorporar estas tecnologías a su negocio.

El convenio rubricado con Coca-Cola va más allá de buscar un beneficio para el negocio de la Compañía: los resultados que se obtengan también allanan el terreno para mejorar la calidad productiva en general, pues la información recolectada es abierta y está disponible para todos. “Somos un organismo de ciencia e investigación, y lo importante es trasladar todo lo que hacemos hacia los productores, para que éstos puedan aprovecharlo”, señala Gloria Pérez, Directora de la EEA del INTA en Concordia.

Gloria celebra que la esencia del convenio sea sumar una opción para los productores, en lugar de pensarlo como un reemplazo de lo ya existente. “Estamos haciendo un trabajo que era necesario”, enfatiza. Y concluye: “Es una alternativa muy interesante que puede aumentar la rentabilidad de los productores y de las industrias”.

Si querés conocer el trabajo que realizamos junto al SENASA y Federcitrus para evitar la propagación del HLB en los cítricos argentinos podés leer esta nota