Hacer un buen negocio, pero buscando generar al mismo tiempo beneficios sociales y ambientales. A eso apuntan las cada vez más frecuentes “Empresas B”, compañías que en Argentina ya suman 73 y cuyo número seguro irá en aumento de la mano de una tendencia que se consolida a nivel global.

Redefinir el sentido del éxito de la economía desde la sustentabilidad y que los cambios se instalen para siempre en el corazón de cada empresa –y, por lo tanto, en la sociedad– es la intención de Sistema B, una organización que trabaja desde hace seis años en Argentina y otros países de Latinoamérica asesorando a compañías que sueñan con generar el triple impacto que define a este nuevo modelo de negocios. “Trabajamos por una economía donde el éxito se mida por el bienestar de las personas, de las sociedades y la naturaleza”, definen en su página Web.

Con todo, Francisco Murray, Director Ejecutivo de Sistema B Argentina, aclara ante Journey que “no todas las empresas de triple impacto son Empresas B”. Y explica que para adquirir esa condición, cuya letra “B” proviene de la palabra “beneficio”, la firma se compromete a medir su impacto a través de la fiscalización sobre sus actividades que hace Sistema B.

“La sustentabilidad es todo en este tipo de empresas: al integrar el impacto que producen  en su modelo de negocio estarán en armonía con la sociedad y el planeta. Hay que ir trabajando a conciencia para que los cambios sean profundos, porque si no pasa a ser una moda”, indica Francisco, quien añade que 73 empresas de todo el país han obtenido la certificación de “Empresa B”, las que a su vez forman parte de las cerca de 360 que operan en Latinoamérica y las 2.500 repartidas por el mundo.

Una Ley en debate

Desde la oficina de Sistema B en Argentina, situada en Boulogne, provincia de Buenos Aires, Francisco y su equipo recalcan que parte del crecimiento local de la movida B tendrá que ver con si el sector público se involucra o no. En ese sentido, menciona que un gran paso puede ser la aprobación del proyecto de la llamada Ley BIC (por Sociedades de Beneficio e Interés Colectivo), presentado al Congreso de la Nación: se trata de una iniciativa que promueve un régimen especial con el fin de identificar y regular empresas que integren en su negocio la creación de valor económico, social y ambiental. “El proyecto ya se aprobó en Comisión y, si todo sale bien, Argentina será el primer país de Latinoamérica en tener una ley de este tipo, que le dará una figura legal a estas empresas”.

Sin embargo, Francisco no quiere arriesgar una fecha para el cambio total de sistema. “Es muy difícil hablar de plazos porque estaríamos yendo a la economía tradicional, al exitismo. Nosotros ponemos el foco en el proceso, hay que confiar en que los pasos sean sólidos; no importa quién llega más rápido sino quien va más lejos”, señala, seguro del futuro de la sustentabilidad.

Proceso para el cambio

Según explica el equipo de Sistema B de Argentina, cualquier compañía puede acreditarse como “Empresa B”. “Lo primero que debe haber es una voluntad real. Después, trabajamos con los interesados en una etapa de concientización y, para medir su impacto, se les hace una evaluación que es gratuita”, resume Francisco. A partir de ahí, los ayudan a crecer en sintonía con un ecosistema favorable que involucre al resto de actores de la economía.

Esta revolución sustentable que se apoya en la llamada “economía integrada” de las empresas comenzó hace 11 años en Estados Unidos y Canadá, donde una organización llamada B Lab comenzó a acreditar a las que cumplían sus requisitos sustentables con el nombre de “B Corp”. Más tarde, el movimiento se extendió a Europa y Asia. En Latinoamérica adquirió el nombre de “Sistema B” porque, según el director ejecutivo argentino, “el proyecto necesitaba ser sistémico: abarcar no sólo a las empresas, sino también a la esfera pública”.

Francisco considera que en la carrera de fondo hacia una nueva economía están en el camino correcto. “Nuestra meta es que sea la forma económica aceptada por todos”. Curiosamente, su reto es dejar de identificarse con la letra “B” para un día pasar a jugar en la “A”.

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