Tanto en la Argentina como en el resto del mundo, frente a la pandemia del coronavirus la primera reacción de las organizaciones dedicadas a la recolección de residuos reciclables fue más o menos la misma: la mayoría decidió suspender todas las actividades de manera preventiva y hasta nuevo aviso, pese a que eso significara que muchas familias tuvieran que resignar sus ingresos para vivir. Ante ese panorama, la Iniciativa Regional para el Reciclaje Inclusivo (IRR) decidió elaborar la “Guía de buenas prácticas para el trabajo seguro de los recicladores de base en tiempo de Covid-19”, una propuesta de protocolos de seguridad e higiene dirigida a los recolectores y trabajadores de las plantas de clasificación, pero también a quienes pueden ayudar desde sus hogares a administrar los desechos secos en un momento tan particular.

“Quedó claro que las cosas debían cambiar a partir del coronavirus, y la pregunta que nos hicimos antes de preparar la guía fue muy simple: ¿cómo podemos hacer para que los programas de reciclaje se reactiven?”, reveló a Journey Florencia Rojas, Coordinadora del programa de Reciclaje Inclusivo de Fundación Avina y encargada de redactar el documento final. Bajo esa premisa, el texto –disponible en versión web y en formato PDF para descargar e imprimir– repasa pautas y sugerencias que van desde lo más básico, como el correcto lavado de manos en casa, hasta cuestiones más puntuales y propias de la industria, como la distancia entre los operarios de una planta o las mejores maneras de desinfectar las maquinarias.

Para su redacción, la IRR se apoyó en la opinión de especialistas de higiene y seguridad laboral y tuvo en cuenta normativas de organismos e instituciones de todas partes del mundo (el Ceamse y la Organización Mundial de la Salud, entre ellos), además de protocolos de trabajo de otras industrias.

Impacto profundo

Si bien no hay un censo formal, se estima que en la Argentina existen unos 150.000 recicladores de base (antes llamados cartoneros), pero que apenas 17.000 de ellos están formalizados. “Todos cumplen un rol fundamental porque aportan el 50% del material reciclable al modelo de economía circular”, explicó Florencia, en referencia a la situación local de la industria del reciclaje. Y resumió: “Por eso es importante que vuelvan la actividad: su falta de trabajo impacta en un sector entero”.

Como en el país la recolección de residuos diferenciados es una decisión municipal, hay zonas donde ya se reactivó y otras en las que todavía no. Lo cierto es que tanto para quienes ya retomaron sus actividades como entre aquellos que están evaluando las mejores maneras de hacerlo, la guía elaborada por la IRR es una herramienta clave para avanzar de forma segura.

Además de evaluar los efectos de este freno en la actividad desde el plano económico, Florencia subrayó que siguen de cerca cómo repercute la situación actual en la salud del planeta: “El trabajo de los recicladores es también ambiental. El ‘parate’ en sus tareas pone en riesgo todo el trabajo de concientización ciudadana que muchas organizaciones venimos realizando desde hace años”, deslizó. Y en ese sentido concluyó: “En la IRR tenemos un concepto de cabecera que distingue a nuestros programas y la nueva guía para el reciclaje seguro no es la excepción: para nosotros es imposible que una iniciativa funcione sin la separación en origen –es decir, en nuestras casas-, sin políticas públicas y sin tener en cuenta a los recicladores”. Como piezas irremplazables de este engranaje que mueve a la economía circular, la nueva guía apunta precisamente a que la tarea que realizan se adapte a la nueva realidad que impone la pandemia.

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