Más allá de las propuestas de entretenimiento y relax, los paradores de Coca-Cola en la costa argentina funcionan bajo una premisa simple y clara: la playa no necesita nada de nosotros, excepto que disfrutemos de sus bondades y dejemos la menor huella posible. De esta manera, la invitación permanente es a que los turistas se comprometan con el entorno y depositen los residuos en el lugar correcto. Que nuestras huellas en la arena sean sólo de pisadas, en definitiva.

Para lograr el objetivo la Compañía instaló en sus paradores cestos para descartar los desechos según su composición: plástico PET, aluminio o vidrio.

En el parador de Villa Gesell, por ejemplo, se reparten diariamente de manera gratuita más de 1.600 latas o botellas de Coca-Cola, Sprite y Fanta en sus versiones Sin Azúcar, por lo que la disposición de todos esos envases resulta esencial para garantizar su tratamiento, ya que todos los envases de la Compañía son 100% reciclables.

La iniciativa se enmarca en el programa global Un Mundo sin Residuos, el compromiso global de Coca-Cola para recuperar y reciclar el 100% de los envases que pone en el mercado para 2030.

En Gesell, quienes se acerquen al pintoresco predio de foodtrucks donde antes funcionaba la terminal de ómnibus encontrarán un enorme punto Reciclo para que, luego de cenar, cada comensal pueda separar los descartes en cuatro categorías: papel y cartón, plástico, aluminio y vidrio.

Tanto el material de los cestos como el de las estaciones se trasladan luego a plantas de reciclaje, donde los desechos reciben el tratamiento necesario para reincorporarlos al sistema productivo como materia prima. Un modelo de economía circular que, en beneficio del medio ambiente, no se toma vacaciones.