A un año de los primeros casos de Covid-19 en la Argentina, los días de la cuarentena obligatoria empiezan a quedar en el recuerdo. Pero para Carolina Álvarez, vicepresidenta de la Asociación Civil de Recicladores de Bariloche (ARB), su impacto sigue muy fresco: para ella y sus 70 compañeros de la ARB –igual que para los miles de recicladores de todo el país–, las medidas significaron el cese total de sus actividades. 

“Estuvimos totalmente parados durante dos meses. En ese tiempo realizamos capacitaciones con una médica y se armó un manual de buenos usos; pero, más allá de eso, necesitábamos equipamiento que no podíamos comprar”, señala Carolina a Journey. En junio, cuando la situación de muchos ya era sofocante, una llamada les cambió el panorama: a través de Latitud R,  Coca-Cola Argentina había destinado un fondo de emergencia para la compra de lo necesario para que los recicladores pudieran reactivar su trabajo esencial.

Latitud R es una plataforma regional que, con la ejecución de la Fundación Avina y el apoyo de diversos socios, busca afianzar un promover el reciclaje inclusivo en América Latina. “Cuando se declaró el aislamiento social todos los programas de reciclaje se frenaron y eso significó una baja muy significativa de los ingresos de los recicladores. Su salario se compone de un fijo, que suele ser una asignación, y un variable que depende de la cantidad de material que se vende. Cuando no trabajan, ese monto variable desaparece”, explica Florencia Rojas, Coordinadora Programática de Reciclaje Inclusivo en Fundación Avina.

El fondo de emergencia aportado por Coca-Cola permitió la compra de materiales indispensables para volver al ruedo de forma segura: máscaras, guantes, alcohol y desinfectantes, una línea de agua e instalación de agua caliente, además de otras necesidades que estaban aplazadas por falta de fondos como uniformes y una computadora.

Como parte de su compromiso global de trabajar por Un Mundo sin Residuos, y en el marco de la plataforma regional Juntos Salimos Adelante, durante pandemia la Compañía Coca-Cola redobló el apoyo a algunos de los sectores más vulnerables como recicladores, pequeños comerciantes, jóvenes y mujeres emprendedoras.

Volver a empezar

La ARB nació en 2001, fruto de la necesidad de muchas personas que encontraron en el reciclaje una posibilidad para sustentar sus hogares. “En estos años todo fue hecho con mucho esfuerzo; cada compra que debemos realizar nos resulta muy difícil. Por eso que nos llegara ese fondo y que todo fuera tan rápido fue una ayuda enorme”, explica Carolina.

Con el dinero del fondo de emergencia de Coca-Cola, la ARB compró uniformes de trabajo y elementos de seguridad, entre otras cosas.

El primer paso para que todos los recicladores pudieran volver a la actividad fue definir un protocolo y lograr la aprobación de las autoridades municipales. “La Federación Argentina de Cartoneros trabajó en un protocolo de buenas prácticas en el que nosotros participamos”, indica Florencia. “Volver fue fundamental no solo por la necesidad económica –continúa–. Cuando a uno le gusta trabajar quiere hacerlo”. Hoy en la planta se recuperan unos 35 mil kilos de materiales reciclables por mes.

A pesar de que algunos de los socios no pueden salir a trabajar porque son población de riesgo, la mayoría de los integrantes de la asociación se reintegró a su puesto y el panorama es alentador: la vuelta coincidió con una suba en el precio del material recuperado, lo que para ellos es lo más parecido a un ajuste salarial.

Y aunque Latitud R todavía no comunicó el plan definitivo de trabajo para 2021, el aprendizaje demuestra que el gran desafío es darle continuidad a los programas y evitar el costo humano y ambiental que significa un cierre. Eso, y sumar nuevas cooperativas para que cada vez sea más el material reciclable que tenga una nueva vida.

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