Abrir la canilla y que corra el agua. Algo que para algunos resulta tan simple y cotidiano, en muchas comunidades de América Latina es una dificultad y motivo de preocupación. El aumento de la población, el crecimiento de las ciudades y la mayor producción agrícola e industrial incrementó la demanda de agua y una fuerte presión sobre los recursos hídricos en muchas regiones. Y la escasez de agua nos afecta a todos. Así fue como empresas, organizaciones civiles y gobiernos comenzaron a buscar formas de trabajar juntos en la búsqueda de soluciones para proteger las fuentes de agua que son importantes para la gente, la producción y la naturaleza.

Como resultado de este esfuerzo conjunto surgieron los Fondos de Agua, organizaciones multisectoriales que diseñan e impulsan mecanismos financieros y de gobernanza con el fin de contribuir a la seguridad hídrica y al manejo sustentable de las cuencas a través de soluciones basadas en lo que se conoce como “infraestructura verde”. La infraestructura verde hace referencia a aquellas acciones de conservación ambiental que tienen efecto en la cantidad, calidad o regulación del flujo de agua de la cuenca en cuestión.  Ya se establecieron 24 Fondos de Agua en la región y 35 a nivel mundial.

Precursora de esta iniciativa, la organización conservacionista The Nature Conservancy (TNC) lideró en el año 2000 la creación del primer Fondo de Agua –conocido como FONAG– en la ciudad de Quito, Ecuador. TNC forma parte de la Alianza Latinoamericana de Fondos de Agua, junto al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Fundación FEMSA y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM).

Paso a paso

Antes de crear un Fondo de Agua, técnicos de TNC consideran múltiples factores para evaluar si, efectivamente, es la mejor solución para el caso concreto. Luego realizan un estudio de factibilidad en el que analizan los problemas a tratar, el contexto y de qué manera esta herramienta puede contribuir a la solución. Si se determina su utilidad, se diseña y crea el Fondo, último paso antes de comenzar a operar. Su consolidación se logra cuando se obtiene la seguridad financiera, de la mano de inversiones público-privadas.

“Apuntamos a restaurar y conservar la infraestructura verde. Si tenemos bosques devastados, promovemos nuevos bosques. En zonas de mucha ganadería tratamos de combinarla con buenas prácticas para que el impacto de esa actividad no sea tan nocivo para la cuenca”, explica Alejandro Calvache, Gerente de la Aceleradora de Fondos de Agua para Latinoamérica y con más de nueve años de experiencia en TNC. Los propietarios de los predios donde se llevan a cabo los proyectos de cuidado del agua reciben incentivos para sus espacios de trabajo y, de esa forma, se consigue un modelo de mutuo beneficio. “Por un lado, le damos soluciones adicionales a las comunidades que viven en estas zonas de la cuenca y, por otro, contribuimos a que bajen las presiones sobre la calidad de los ríos”, agrega Alejandro.

El éxito de este mecanismo jurídico-financiero radica en la articulación público-privada, que implica derribar barreras legales, obtener permisos y superar ciclos políticos para lograr proyectos a largo plazo. “Somos una organización de base científica; nuestro núcleo y corazón se apoyan en la ciencia y la desplegamos para encontrar soluciones que sean costo-efectivas. Esta receta ha funcionado y queremos llevarla a un nivel de mayor impacto y por eso hoy hablamos de la Aceleradora de Fondos de Agua”, define el representante de TNC, quien aclara que si bien América Latina es una región relativamente afortunada en lo que respecta a disponibilidad de agua, esto no siempre va a seguir así. “Estamos bien, pero tampoco hemos logrado entender la importancia de conservar ese bienestar a través de mantener la infraestructura verde, recuperarla y darle el verdadero valor para que no tengamos problemas en el largo plazo”.

En 2019, la Aceleradora de Fondos de Agua apunta a expandir su trabajo en la región. Para eso se centrará en cuatro proyectos, en las ciudades de Zacatecas (México), San Salvador (El Salvador), Mendoza (Argentina) y Bucaramanga (Colombia).

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