Como nos estamos quedando en casa, nuestros residuos se concentran en un solo lugar. En ese sentido, la cuarentena nos brinda una oportunidad única para tomar conciencia de la dimensión de nuestra huella ambiental.  Al mismo tiempo, nos permite tomar el control para intentar reducirla durante estas semanas tan particulares, y que esas acciones que tomemos queden incorporadas a nuestra vida cotidiana.

El origen de las buenas elecciones

Para disminuir el volumen de residuos que generamos hay muchos caminos, pero casi todos empiezan en el lugar en el que hacemos las compras: el supermercado, la verdulería o el almacén. “Siempre que nuestra situación lo permita es una buena opción priorizar los empaques grandes, así consumimos menos plástico. Y a la hora de comprar frutas y verduras tenemos que evitar aquellas presentaciones que ya las traen cortadas y envasadas en bandejas. Es mucho más sustentable comprar a granel que, además, es más barato”, recomienda a Journey Mariana Larumbe, Directora de Compromiso Eco, una organización que promueve el cuidado del planeta a través de pequeñas acciones aplicables en la vida cotidiana.

Esperar y seguir clasificando

Por motivos sanitarios, muchas cooperativas y municipios decidieron limitar –o directamente suspender– los servicios de recolección de reciclables, por lo que conviene consultar cómo es el cronograma en cada barrio, localidad o ciudad. “Eso no significa que haya que dejar de separar; una buena estrategia es comprimir los plásticos lo más que se pueda, con vistas a que nosotros también bajemos la frecuencia con la que sacamos bolsas con residuos a la calle”, puntualiza Mariana. En el caso en el que la recolección separada no esté funcionando, una opción, cuando el espacio lo permite, es elegir un sector de la casa donde se puedan almacenar los materiales a reciclar a la espera de que la situación se normalice. Si hay chicos en el hogar, los reciclables también pueden ser buenos insumos para que realicen manualidades. 

El desafío de los desechos orgánicos y el compostaje

¿Qué pasa con los desechos orgánicos? ¿Podemos evitar que terminen en el tacho? “Así como muchos aprovechan la cuarentena para aprender a tocar un instrumento musical, este también es un gran momento para animarse y empezar con el compostaje”, se entusiasma la experta. Y justifica: “Es una actividad que se puede hacer en familia y como al principio lleva un poco de tiempo, está bueno incorporar el hábito ahora, así cuando todo vuelva a la normalidad ya forma parte de nuestra rutina”.

A través de este proceso biológico, los restos de verduras, cáscaras de frutas o papeles se transforman en abono natural para las plantas. No hace falta demasiado espacio para compostar en casa: con un pequeño rincón en el balcón, por ejemplo, alcanza y sobra. Y los beneficios son inmediatos. “Hacer esto permitirá reducir muchísimo el volumen de lo que sacamos a la calle. Ese no es un detalle menor si se tiene en cuenta que del total de residuos que se gestionan, la porción más grande corresponde a orgánicos”, enfatiza Mariana.

Hasta en un pequeño rincón del balcón se puede colocar un tacho de pintura vacío o una maceta en desuso para descartar restos de verduras, frutas u hojas secas. Por medio de un proceso biológico de descomposición se transformarán en abono para las plantas.

El compostaje incluso colabora con la clasificación de todo lo que sí termina en la basura, porque al haber menos yerba, frutas y vegetales en la bolsa, el resto del contenido llega más limpio a los centros de procesamiento.

La higiene de las bolsas que sacamos a la calle

Otro de los grandes temas a tener en cuenta es la seguridad e higiene de quienes recolectan nuestra basura. “Hoy trabaja mucha menos gente en la gestión de los residuos. En general la frecuencia de recolección disminuyó y el proceso es más lento. Es un contexto que demanda mayor atención de nuestra parte”, amplía Mariana.

Al respecto, la Directora de Compromiso Eco propone rociar las bolsas de residuos con lavandina y agua para desinfectarlas, y sacarlas a la calle recién cuando estén secas. Es importante respetar siempre los horarios de recolección de cada municipio y, si se puede, esperar unas 72 horas desde que cerramos la bolsa hasta que la desechamos, como garantía adicional de que el SARS-Cov-2 no está presente en ninguno de los descartes. Este plazo se basa en estudios que sugieren que ése es el tiempo máximo en el que el virus se mantiene activo en superficies como el plástico y el acero inoxidable.

Rociar las bolsas con agua y lavandina y esperar a que se sequen antes de sacarlas a la calle es una buena manera de pensar en la salud de los recolectores.

Esos cuidados deben intensificarse si en el hogar hay algún caso de coronavirus o incluso si se presentan síntomas. Al respecto, el CEAMSE recomienda un esquema de triple bolsa para proteger a los recolectores: en la primera, se introducen todos los residuos; a ésta se la recubre con una segunda, donde además se separan los barbijos o guantes que se hayan utilizado; y ese paquete, finalmente, va dentro de una tercera.

“Siempre hay que contemplar que el trabajador también está expuesto a contagiarse”, resume Mariana, e invita a rescatar lo bueno en tiempos complejos: “Es una excelente oportunidad para educarnos adentro de casa y apuntar hacia una vida más sustentable”.

Si querés saber cómo ser un comprador responsable, leé esta nota.