“Hace mucho tiempo los seres humanos fuimos completamente circulares, pero luego nos olvidamos de todo eso y ahora tenemos que volver a aprenderlo”, explica el francés Alexandre Lemille, uno de los principales referentes de la economía circular 2.0, que incorpora la esfera humana y aborda tanto la desigualdad como los desafíos ambientales. Sus palabras proponen todo un desafío: empezar otra vez de cero y cuanto antes.

Oriundo de la ciudad de Lille, Alexandre es cofundador de la Red de Economía Circular Africana (ACEN, por sus siglas en inglés) y responsable de Wizeimpact, una consultora que ayuda a las compañías a crecer aplicando conceptos ambientales y sociales de vanguardia. Journey lo entrevistó durante su visita a Buenos Aires, adonde viajó para participar como orador en la edición 2019 de Sustainable Brands.

Según Alexandre, los modelos circulares hoy funcionan como paliativo ante las problemáticas más urgentes del planeta, particularmente en materia de contaminación y medio ambiente, pero dice que no terminan de configurarse como un nuevo modelo económico. Para que la propuesta sea equitativa para todos y pueda cumplir con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que plantea la Organización de las Naciones Unidas, Alexandre considera que se debe sumar la cuestión humana a la ecuación.

¿Qué quiere decir esto? Que las personas deben ser tenidas en cuenta no sólo como productoras y consumidoras, sino también como un valor en sí mismo. “Somos un recurso muy abundante, una fuente de energía que va en camino a las 10 mil millones de unidades. Es cuestión de cambiar de perspectiva: cuantas más personas seamos, tal vez más posibilidades de innovar tengamos”, postula con optimismo el especialista. Y agrega: “En una economía circular no debemos medir el éxito según el Producto Bruto Interno, que se relaciona con cómo hacer para que una sociedad consuma más, sino a partir de reconocer el valor que creamos.”

Para Alexandre se trata de reconfigurar nuestra manera de entender al mundo y posicionar a los seres humanos como los encargados de restituir la naturaleza y optimizar los recursos técnicos, mientras garantizan que la economía sea una herramienta para responder a las necesidades de la gente. A modo de ejemplo citó el caso de Suecia, cuyo Parlamento redujo casi en un 50% los impuestos para la reparación de bicicletas y ropa con el objetivo de extender la vida útil de los productos y, a la vez, regenerar una industria casi perdida que puede crear nuevos puestos de trabajo.

Un largo camino

“Recién estamos dando los primeros pasos en este modelo que busca erradicar el concepto de desechos y de polución de nuestro sistema. Hay que ser realistas, entender qué es lo que está sucediendo y también decirnos: ‘este es el camino, hasta allí debemos llegar para hacer de este mundo un lugar más feliz’”, resalta Alexandre quien, basándose en su experiencia en África, quiere dejar claro que todos los países tienen la oportunidad de sumarse a este modelo económico, sin importar desde dónde comienzan el proceso. Y concluye que por más que se trate de una necesidad urgente, tampoco debe ser una carrera: “Llegaremos a ese cambio colaborando entre nosotros. Debemos retomar las conversaciones, recomenzar las sociedades colaborativas. No es una competencia por quién alcanza primero la línea de llegada porque, precisamente, no es una línea; es un círculo”.

Si querés entender mejor qué es la economía circular, mirá este video