Si uno tira algo al cesto de residuos y otra persona lo saca y luego lo reutiliza, ¿era realmente basura? Éste y otros dilemas relacionados con los desperdicios enfrentarán quienes visiten el Museo de la Basura, una propuesta que además de hacer un potente llamado a cuidar el medio ambiente impulsando el reciclado y valorizando el trabajo de los recuperadores urbanos, apunta a reconstruir la memoria colectiva y la cultura popular a partir de los residuos.

Ubicado en el partido de Morón, el Museo de la Basura es una iniciativa de la Asociación Civil Abuela Naturaleza, que trabaja con recuperadores urbanos que se dedican a la recolección, clasificación y acopio de materiales reciclables. Es el primero de la Argentina, el segundo de Latinoamérica y el tercero en el mundo, y sus características son netamente educativas: el espacio incluye actividades para grandes y chicos y propone que público establezca un nuevo vínculo con la basura y descuba la importancia de la disposición correcta de los reciclables.

El 25 de mayo se celebró la reapertura anual del Museo con una peña popular por el “Día de la Patria”, en la que no faltaron empanadas, locro, choripán, mucha música folklórica y tango. Una fiesta a la que se sumaron los vecinos del lugar, que hicieron fila para recorrer el lugar y sorprenderse con los “tesoros” de la basura.

“La primera sala es una invitación a meternos dentro de una montaña de basura. ¿Qué será un basural? Y…un poco esto”, describe a Journey Mariano Canelo, el curador del museo. El primer impacto estremece. Empaques plásticos, botellas, sachets y distintos tipos de bolsas cuelgan del techo y las paredes, abrumando a los visitantes.

Luego de atravesar las barreras de colgantes de plástico de “El portal del tiempo”, se ingresa a una sala absolutamente blanca, en la que se exhibe todo tipo de objetos antiguos recuperados de la basura: máquinas de coser y de escribir, antiguas bobinas de hilo, cajas de metal y de madera, botellas de vidrio, clavos, muñecas, hormas de zapatos de madera, un pequeño ventilador y hasta un gran cuadro de madera y pana con el escudo nacional argentino.



Casi la totalidad de los objetos que se exhiben en el museo proviene de basurales y vertederos, de cooperativas de cartoneros o de la calle. Los integrantes de las cooperativas de recuperadores urbanos que trabajan con Abuela Naturaleza y los propios miembros de la asociación civil acopiaron objetos durante más de tres años hasta que decidieron exponerlos en este lugar. Vecinos de la zona también aportaron desechos.

Un cambio de enfoque

“El museo genera una valorización cultural y rescata la memoria colectiva al exponer algo que es de la calle, de aquello que era indeseable, y lo pone en un pedestal con un fondo blanco y lo transforma. Si estaba en la basura no valía, pero nosotros entendemos que vale. Es una transformación cultural no sólo del objeto, sino también del lugar de donde proviene y de quien trabaja con él”, explica Mariano, quien resalta que la entrada es gratuita.

El museo y la asociación civil realizan talleres de emprendimientos socioproductivos: enseñan distintas técnicas para reciclar el plástico para que cualquier persona sin conocimientos técnicos y sin grandes maquinarias pueda generar nuevos productos, comercializarlos y mejorar su calidad de vida.

Además, se vincula con distintos grupos que trabajan el tema de los residuos y el reciclado a través del arte. Uno de ellos es Espíritu Plástico, que en la inauguración protagonizó una performance artística con montañas de plástico transparente y bidones recuperados de la costa del Río del Plata. La actuación se propuso generar conciencia ambiental sobre el destino final de los desechos.

Mariano celebra el efecto que se genera entre los visitantes: “La gente se vincula con los objetos y empieza a hacerse preguntas sobre los desechos, lo que comienza a transformar la propia idea de basura”.  Aquí se enseña que muchos de los residuos se pueden reutilizar, reciclar y que otros contienen un gran valor histórico y cultural.

En esta nueva etapa, el museo va por más, con dos nuevas salas que están en preparación: una destinada a objetos tecnológicos en desuso (radios, televisores, computadoras, consolas de juego) y otra que albergará exhibiciones temporarias de arte realizado con residuos.

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