El domingo gris y destemplado invitaba a quedarse en casa, pero en el salón principal del Museo Nacional de la Historia del Traje la actividad era incesante: 20 mujeres ocupaban las cuatro mesas largas preparadas para el taller donde aprendieron a hacer fieltro artesanal, una técnica de otros tiempos que llenó el espacio con un aroma que algunas describieron, precisamente, como “olor a infancia”. Cada una de ellas completó el desafío de preparar su propio cuenco, un ejercicio para principiantes que por la cualidad impermeable de la tela puede funcionar como una maceta natural y sustentable.

Organizado por la Asociación de Moda Sostenible Argentina (AMSOAR), el taller gratuito (sólo había que llevar los materiales) formó parte de “Saberes compartidos”, un programa de actividades que el museo organiza los fines de semana para difundir y preservar técnicas que se consideran como patrimonio cultural. El fieltro se ajusta perfecto en la propuesta porque es una técnica ancestral, incluso previa al hilado y el tejido; se trata, de hecho, del primer material textil fabricado por el ser humano y no necesita herramientas para su confección: el proceso consiste esencialmente en amasar la materia prima, que puede ser lana de oveja o de camélido, por un período prolongado hasta que cambie su consistencia y se convierta en una trama más densa. Además de la dedicación, para lograr el objetivo hace falta agua tibia y un poco de jabón.

Todas estas características convierten al fieltro artesanal en una opción sencilla y 100% sustentable, ya que emplea una fibra natural como la lana. Esto fue lo que llamó la atención de los diseñadores más comprometidos con el ambiente, como los que nuclea AMSOAR, que de a poco se ocupan de reinsertarla en los rubros más variados aprovechando su enorme versatilidad. “La maceta que se llevan las alumnas del taller es biodegradable. Si quieren la pueden dejar al aire libre o incluso enterrar. En ese sentido, es mucho mejor que una de plástico”, detalla a Journey María José Tamborenea, diseñadora y docente a cargo de la actividad.

Manos a la obra

A lo largo de la clase, que duró alrededor de tres horas, María José enseñó los conceptos básicos de la técnica y guió a las alumnas en todo el proceso, quienes siguieron atentamente sus indicaciones y consejos, pero también aportaron lo suyo. “Te está quedando muy grueso, amasalo un poco más pero despacito, para que la lana se vaya abriendo”, se escuchó sugerir a una de las participantes a su vecina de mesa. Y si bien hubo algunos momentos de zozobra, fueron varias las que se animaron a más y trabajaron con lanas de distintos colores en busca de un diseño único.


María José resaltó lo positivo de que sucedan este tipo de interacciones, y aseguró que ése es uno de los puntos fuertes del fieltro: “Cualquiera puede hacerlo, simplemente hay que tener ganas y conectar con el material. No necesitás ni telar ni rueca; todo pasa por tus manos y tu creatividad. Además, la lana te amansa, es una linda labor terapéutica”, concluyó.

Para conocer el paso a paso de esta técnica y fabricar tus propias macetas sustentables, te invitamos a ver este video:


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