El currículum vitae de Ana Rapela dice que es diseñadora industrial, pero alcanza con googlear su nombre para saber que también es artista y docente en diversas instituciones. Esta argentina de 44 años que desborda energía es una gran promotora de la sustentabilidad, concepto que abrazó hace años y que hoy la atraviesa por completo. Ana recibió a Journey en su casa de la localidad de Pilar, donde dedica gran parte de su tiempo a convertir desechos de procesos industriales –como el acero y el plástico– en objetos u obras de arte.

“La sustentabilidad es rentable, se mire por donde se mire. Y si las empresas y las personas no lo saben es porque nadie se los explicó”, asegura Ana quien, desde su consultora Zoom Sustentable, acompaña como thinking partner a organizaciones que buscan incorporar la economía circular y la sustentabilidad no sólo como objetivos sino también como modelos de negocios rentables.

Con su trabajo como consultora pudo recorrer el mundo y eso le permite asegurar que Bélgica es un modelo a seguir en lo que a sustentabilidad se refiere. Allí el ciclo de vida de los objetos tiene en cuenta este concepto ya en la etapa de diseño. “En cuanto un diseñador industrial apoya el lápiz en un papel empieza el impacto a nivel sustentable y es por eso que creo que se tiene que incorporar sustentabilidad a los programas de estudio desde el primer año de la carrera”, enfatiza Ana, que como docente transmite estos conceptos a sus alumnos del curso de posgrado “Diseño Estratégico Sustentable” de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y a los que tiene en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA).

Arte doméstico

La casa de Ana es una galería de arte en sí misma, con sus obras decorando los distintos espacios. Cuenta que hace unos años recibió la llamada de una amiga galerista, que le hizo una invitación inesperada: debido a la cancelación de último momento de una reconocida artista le propuso exponer sus obras. Aunque en un primer momento dudó, al final se animó y la exposición fue un éxito. Eso, dice, le dio el empujón necesario para profundizar aún más en la creación artística con restos de procesos industriales y descartes. En este sentido, Ana explica que trabajar con plástico es una oportunidad para reutilizar y reciclar un elemento al que considera necesario para la vida actual. “Las empresas y los consumidores debemos ser los motores del cambio”, asegura. Cambio que ella misma lidera desde una pequeña cooperativa que trabaja el plástico para darle forma a productos como cartucheras, lámparas y cuadernos.

“Considero que el PET es un material que ya está muy integrado al mercado y posee muchas posibilidades de ser recuperado y reciclado”, explica. Y describe algunos puntos a su favor: “La gente lo identifica y hay una industria que ya lo recicla y lo pone en valor. En esta carrera por proponer soluciones más coherentes para hacer mejor las cosas y cuidar el único planeta que tenemos, creo que entre los plásticos el PET es el que más se adapta a una economía circular. Si se usa correctamente y se planifica la gestión de su ciclo de vida es un material que nos abre muchas posibilidades hacia la circularidad y sostenibilidad”, concluye.


 

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