Desde su inauguración, en 1880, la estación Guiñazú del Ferrocarril Belgrano se convirtió en el epicentro del pueblo. Con el tiempo el tren dejó de funcionar y la estación quedó en desuso. Lugo, la expansión urbana determinó que la zona quedara anexada al Gran Córdoba y, junto con ese crecimiento, aumentó también la presencia de familias en situación de vulnerabilidad social.

En la actualidad Guiñazú tiene una población de 11.000 habitantes, distribuidos entre zonas residenciales y asentamientos. En uno de estos últimos, llamado El Chaparral, la organización TECHO Argentina y Coca-Cola Andina –embotelladora de la Compañía en Córdoba y en otras 11 provincias del centro y del sur el país, además del oeste de la provincia de Buenos Aires– se unieron para construir dos casas que, a diferencia de las de madera tradicional, fueron fabricadas con paneles ecológicos T-Plak, un material realizado en base a plásticos y fibras provenientes en su gran mayoría de residuos de envases y embalajes. Además, las construcciones permiten futuras ampliaciones y mejoras, por eso se las llama “viviendas semilla”.

“Trabajamos habitualmente en El Chaparral, un asentamiento donde no hay servicios básicos y donde los vecinos viven de una manera muy precaria, sin acceso a los derechos básicos. Por eso elegimos esta zona de Córdoba para construir las casas, que en este caso están fabricadas a base a plásticos”, explicó Santiago Rodríguez, Director de Desarrollo de Fondos Córdoba de TECHO Argentina. Para la edificación de las viviendas, miembros de su organización trabajaron codo a codo con voluntarios de Coca-Cola Andina y las familias beneficiarias de las viviendas. En total se usaron 30 paneles T-Plak, fabricados con una tonelada de material de descarte.

Sustentables y versátiles

Para reutilizar el plástico y armar los paneles primero se tritura el material, se calienta, se prensa y luego se funde, dando lugar a placas de alta resistencia con grandes beneficios para la construcción. “El T-Plak tiene muy buenas propiedades aislantes y además permite construir más rápido. Por ejemplo, es más fácil clavar y sacar los clavos que en la madera”, señaló Santiago. Otro de los beneficios de este modelo de construcción es la versatilidad de las viviendas, ya que permite que la familia adjudicataria reciba “una casa mejorable para poder ir trabajándola con el tiempo de la manera que quiera”, añade el representante de TECHO.

Ese es el objetivo de las llamadas viviendas semilla: que sean la base para una casa definitiva, con la posibilidad de que sus habitantes las vayan mejorando progresivamente. “Su forma de construcción permite que con el tiempo la familia puedan ir cambiando una pared de T-Plak por otra de ladrillo, cambiar el piso por uno de madera o elegir el material que quiera. La ‘vivienda semilla’ da una respuesta habitacional de impacto”, detalló Santiago.

Por su parte, Enrique Pérez Estévez, Gerente de Asuntos Institucionales y Comunicación de Coca-Cola Andina Argentina, explicó: “Dentro de nuestro plan de sustentabilidad promovemos el cuidado del medio ambiente y la recolección y reciclado del PET. Los paneles de estas viviendas semilla son hechos con PET, lo que nos permite terminar el ciclo de  nuestros empaques descartables”. Y añadió: “Como Compañía buscamos brindar beneficios a las comunidades donde operamos y con la participación de nuestros empleados logramos generar el compromiso con esas comunidades. Hay planes para seguir buscando y potenciando nuevas formas de dar destino a nuestros envases a través de estos y otros proyectos”.

Durante 2018, TECHO Argentina construyó en el país 67 viviendas semilla gracias al reciclaje de más de 33 toneladas de descartes, principalmente plástico.

Si querés conocer la historia de los ecoladrillos cordobeses que fascinaron a Shakira, Rigoberta Menchú y Google, leé esta nota