Noelia Segovia, Presidenta de la cooperativa Creando Conciencia, ofrece la visión de quienes trabajan en la recolección y clasificación de los residuos sobre cómo podría optimizarse el proceso de reciclado del plástico desde la propia concepción de los envases. 

El punto de partida para reciclar es sencillo y comienza en casa con la separación de los reciclables limpios y secos dentro de una misma bolsa. Pero una vez que llega a la planta de clasificación, todo ese material puede llegar a dividirse en hasta 30 categorías. Y no se trata simplemente de apilar el papel por un lado y los plásticos por el otro: sólo de estos últimos existen siete variedades distintas e incluso en el caso del PET, tan utilizado en envases y empaques de alimentos, se establecen diferencias según su color.

Esta tarea de clasificación exhaustiva responde, sobre todo, a cuestiones del mercado: no todas las empresas de reciclado están en condiciones de trabajar con la enorme variedad de materiales que procesa una cooperativa de recolección. Pero, además, la clasificación es una manera de agregarle valor a cada envío, ya que estas subdivisiones específicas le ahorran un paso a quien luego convertirá esos descartes en materia prima para la elaboración de nuevos productos.

“Para nosotros no es lo mismo papel que cartón, o un cartón liso que uno corrugado, así como en el caso de los metales hay diferencias entre los aerosoles, los desodorantes y las latas de conservas”, le explica a Journey Noelia Segovia, Presidenta de la cooperativa Creando Conciencia, que en su predio de Benavídez, provincia de Buenos Aires, recibe unas 9 toneladas de residuos reciclables por día. Y luego hace especial mención al PET, del que procesan 1.100 kilos diarios (dos tercios de todos los plásticos que recuperan), y cuenta que lo dividen en cuatro categorías: transparente –o “cristal”, como lo llaman en la jerga de la industria–, verde, azul y blanco. “A las empresas que lo reciclan les entregamos los fardos diferenciados, pero la realidad es que el 80% del PET que procesamos es ‘cristal’”, describe Noelia. Eso significa que para completar una entrega de envases de otro color se necesita más tiempo y eso hace que su almacenamiento sea más prolongado y se demore su reconversión en materia prima, aunque tienen la misma capacidad de ser reciclados que los transparentes. 

A diferencia del de color, el PET transparente reciclado es más versátil (no impone condiciones estéticas y puede servir para producir lo que sea) y por eso, aunque sea el más fácil de conseguir, sigue siendo el más codiciado: su valor de venta es un 30% más alto que el del resto. 

El PET de diferentes colores demanda más espacio físico en la planta, más trabajo para separarlo, más tiempo para que pase a la siguiente etapa de la cadena y representa menos ingresos netos: ¿un mundo donde sólo exista PET “cristal” sería el escenario perfecto para los cooperativistas? “Exacto. Desde nuestra óptica, lo más conveniente sería que todos los envases fueran de un mismo material”, confirma Noelia, en sintonía con lo que opinan desde el sector que luego muele el plástico y lo convierte en materia prima. Y teoriza: “Eso haría nuestro trabajo mucho más sencillo, porque nos permitiría simplificar el proceso de categorización y aceleraría la reinserción de todo ese material”. En este sentido, Noelia celebra la decisión de la Compañía Cola-Cola de lanzar Sprite Clear, que cambia el verde de su envase por la versión cristal.

La labor de los recicladores que trabajan en Creando Conciencia y la importante conexión que se establece con la segregación de residuos en nuestros hogares demuestran que sólo en equipo es posible avanzar hacia Un Mundo sin Residuos, el compromiso global de la Compañía Coca-Cola para recolectar y reciclar el equivalente al 100% de los envases que pone en el mercado para el 2030. “La cultura de los dos cestos en las casas es positiva por su simpleza. Cada residuo que ingresa a una planta como la nuestra es un desecho que no termina en un relleno sanitario, una zanja o un vertedero”, resume Noelia. Y concluye: “Es un hábito que hará un importante aporte para nuestros hijos y para el futuro del planeta”.

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