Rodeados por las montañas del Parque Provincial Aconcagua, Marcelo Nosetto y María Poca desafían el abrasivo sol mendocino y el viento ingobernable, que toma impulso desde lo más alto del continente y se despliega con toda su fuerza, justo donde intentan cavar un pozo, en el Valle de Horcones. Ambos científicos del CONICET buscan estudiar la situación del agua bajo las vegas (humedales) sobre las que están parados, para ayudar a mejorar la cuenca del río Mendoza que hoy se encuentra afectada por el cambio climático, la creciente demanda de agua de los habitantes de la capital de la provincia (1.200.000 personas) y la producción agrícola e industrial de la región.

Ingeniero agrónomo, él; y bióloga, ella, Marcelo y María integran el Grupo de Estudios Ambientales del Instituto de Matemática Aplicada del CONICET y la Universidad Nacional de San Luis, un equipo interdisciplinario que investiga sobre el uso de la tierra y su relación con la circulación en los ecosistemas de elementos como, por ejemplo, el agua. Por su experiencia en el tema, hace dos años el grupo fue convocado por The Nature Conservancy (TNC) y la Alianza Latinoamericana de Fondos de Agua para evaluar la factibilidad de un  Fondo de Agua para la ciudad de Mendoza, tanto a nivel ambiental como social, económico y productivo.

De manera paralela a la creación del Fondo de Agua, María y Marcelo colaboran en la implementación del Proyecto de Reabastecimiento de Agua, una iniciativa liderada por Coca-Cola Argentina con el apoyo técnico de TNC, en el marco de su objetivo de reponer a la naturaleza el agua utilizada en sus bebidas. Este proyecto además sirve como prueba piloto para el momento en el que el Fondo de Agua de Mendoza empiece su operación.

“Parte del proceso del programa de reabastecimiento es la identificación y el análisis de las distintas opciones de áreas disponibles para mejorar la condición hídrica en la cuenca. Según nuestros cálculos, las laderas del Aconcagua son las que tienen mayores posibilidades de restauración y más impacto para lograr los objetivos del programa”, explica a Journey Marcelo. Que sea en el Parque Provincial Aconcagua tiene especial importancia: se trata de la cabecera de la cuenca, donde se origina el 95% del caudal del río Mendoza.

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Las vegas de altura son clave para el ecosistema que las rodea, ya que retienen el agua del deshielo y la lluvia para luego liberarlas a un ritmo sostenido a lo largo del tiempo.

Cuidar a los humedales de altura

A pesar de que muchas veces pasan desapercibidas para los visitantes, las vegas de altura cumplen una función clave en el ecosistema que las rodea: reciben el agua del deshielo y la lluvia para luego liberarlas a un ritmo sostenido a lo largo del tiempo. Son tan importantes como frágiles, por eso cualquier alteración afecta su funcionamiento y, en consecuencia, el del resto de la cuenca.

En el caso de los humedales del Valle de Horcones, el problema es el intenso volumen de visitantes. Además de ser un punto turístico en sí mismo, también es el acceso para quienes ascienden al cerro Aconcagua. Y a eso se le suma el tránsito de las mulas, esenciales para la logística de los escaladores y los refugios de la montaña. “Este impacto degrada la cobertura vegetal y compacta el suelo, lo que afecta distintos procesos como la diversidad de especies, tanto de plantas como de animales, o la velocidad a la que se infiltra el agua”, describe Marcelo.

Para estudiar esta última variable, la infiltración, es que Marcelo y María están instalando un freatímetro, herramienta que les permitirá analizar las características químicas, el caudal y la velocidad a la que se desplaza el agua de la napa freática del lugar. Se trata de una prueba piloto con el fin de determinar la situación actual de la vega y, a la vez, dejar listo un sistema para monitorear su evolución luego de que se concreten varias obras en el Parque, como la modificación de los senderos para turistas y mulas.

“Todo proyecto de restauración que tenga un efecto positivo sobre la infiltración, retención de agua y su lenta liberación hacia los ríos también repercutirá, para bien, en el caudal aguas abajo y, en consecuencia, en la provisión de agua a la ciudad de Mendoza y la producción agrícola de la zona”, asegura María.

Esta iniciativa para aumentar las reservas hídricas de la provincia cuenta con el apoyo de Coca-Cola Argentina, cuya participación en el Fondo de Agua de Mendoza junto a organismos públicos, de la sociedad civil y otras empresas privadas se enmarca en su compromiso global de cuidado del agua.

Si querés saber más sobre los Fondos de Agua, leé esta nota

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La cuenca del río Mendoza está afectada por el cambio climático, la creciente demanda de los habitantes de la capital de la provincia y la producción agrícola de la región.