La dietética y almacén de Adriana Orsino nació con la idea de acercar productos saludables a una zona en la que viven muchas personas mayores. “Antes, quienes querían alimentos más naturales tenían que irse hasta el centro o tomarse un colectivo. Pero estamos en un cambio cultural y yo quise acercar otra propuesta al barrio”, remarca la dueña del comercio que, 11 años atrás, dejó su puesto como diseñadora gráfica en una oficina para dedicarse a su propio negocio.

Con el tiempo, a los productos que se venden sueltos, como legumbres o especias, Adriana empezó a sumar opciones de bebidas sin azúcar, siempre con el foco puesto en los envases retornables: una tradición entre los vecinos que adoptaron a “Vamos al grano” como su punto de intercambio. Las pilas de cajones rojos cargados de botellas retornables vacías de Coca-Cola Sin Azúcar, acaso el producto estrella del comercio que fundó Adriana en la localidad bonaerense de Ciudadela, dan cuenta de ese hábito. Cuando el camión de la Compañía le entregue nuevas bebidas, se llevará esas botellas de vidrio o plástico PET de regreso a la planta embotelladora para iniciar un nuevo ciclo.

“Lo que más disfruto de mi trabajo es el contacto con mis clientes, charlar, escuchar lo que les pasa o contarles lo que me ocurre a mí. Conocen a mis hijos desde la panza, conocen a mi papá y a mi mamá; siempre vivimos en el barrio”, relata la emprendedora. Así, gracias a ese vínculo tan cercano, la almacenera ya sabe que tiene que tener listas las “Coca-Colas” para el mediodía, y también para la última hora, cuando se acerca el momento de la cena. “Mis clientes eligen comprar retornables; están acostumbrados a tener su botella en la puerta antes de salir. Muchos lo hacen porque son más económicos, otros porque dicen que les gusta más o porque cuidan el ambiente”, cuenta Adriana, que asegura: “Cuando no tienen el envase, nosotros se lo prestamos”.

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Los envases retornables de vidrio pueden circular 35 veces, mientras que los de plástico PET pueden reutilizarse entre 12 y 13 veces. 

Aliados barriales

Los pequeños comercios de cercanía, como el de Adriana, representan el 90% de los 264.000 clientes de Coca-Cola en el país. En ese sentido, son socios clave para trabajar por  Un Mundo sin Residuos, la iniciativa global de la Compañía con la que busca recolectar y reciclar el equivalente al 100% de los envases que pone en el mercado para 2030. El impulso y la promoción de los envases retornables es una parte importante en ese camino: un envase retornable de vidrio se puede reutilizar hasta 35 veces, mientras que los de plástico PET entre 12 y 13 veces.

Así, cada vez que un vecino le entrega un envase vacío a Adriana éste regresa a la planta embotelladora, donde es sometido a un riguroso proceso de lavado e inspección técnica. Los envases que cumplen los requisitos de seguridad y calidad son llenados nuevamente mientras que los otros se descartan y se disponen para ser reciclados. Este ciclo de reducir, reutilizar y reciclar constituye los pasos básicos de una economía circular que ayuda a disminuir la generación de desechos y proteger el ambiente. “En el local también reciclamos las cajas, o se las entregamos a alguien para que lo haga, y sigan su ciclo. Hacemos esto con todo lo que se pueda, no tiramos nada”, señala Adriana.

Si bien la emprendedora siempre se interesó por el cuidado del ambiente y el consumo de alimentos saludables, reconoce que empezó a estar más atenta a la sustentabilidad cuando sus hijos, que hoy tienen 7 y 8 años, empezaron al jardín. “Fue cuando me di cuenta de que el planeta necesita que lo cuidemos y que la forma es detectar aquellas pequeñas cosas que podemos hacer para ayudarlo”, concluye.

Si querés conocer más historias relacionadas a la promoción de envases retornables, leé esta nota sobre el almacén que tiene Fabiana Mamani en Salta