Suena el timbre y 60 niños entran a la escuela. Antes de pasar a las aulas visitan el invernadero para comprobar el estado de los tomates y las naranjas. Luego asisten a la clase de lengua y antes de salir al patio se ocupan de cuidar la huerta escolar. Todo esto que parece un sueño ocurrirá en la vida real en una escuela pública de Mar Chiquita que se construirá con botellas de plástico PET, latas y neumáticos, que se abastecerá de agua de lluvia y cuya energía la generará su propia red de paneles solares.

El fascinante proyecto para la escuela Nº12 apuesta a que desde abril el establecimiento se convierta en la primera escuela autosustentable de la Argentina y la segunda de Latinoamérica: la pionera se ubica en Jaureguiberry (Uruguay) y se concretó de la mano del mismo equipo que trabajará en el país, encabezado por el estadounidense Michael Reynolds, considerado “el padre” de la arquitectura sustentable. A los 60 los niños que acudirán a la innovadora escuela todos los días se sumarán 6.500 beneficiados que estudian en establecimientos de la zona y que recibirán allí talleres de sustentabilidad.

En Coca-Cola estamos comprometidos con el cuidado del medio ambiente y celebramos las iniciativas que fomenten el reciclaje, aun cuando se traten de proyectos en los que no estamos involucrados de manera directa. Por eso entrevistamos a Reynolds, referente mundial en estas cuestiones, para que nos brinde detalles sobre la innovadora escuela que construirá en Mar Chiquita.

Una visita especial

Cuando Reynolds, de visita en Buenos Aires, ingresa al Centro Cultural San Martín para presentar el proyecto que lleva a adelante junto a la ONG Tagma, todas las cabezas se giran para observarlo. No sólo porque su aspecto llama la atención, sino también –y básicamente– porque es una suerte de prócer de la cuestión ecológica. “Estaré allá todo el tiempo que se necesite, me gusta construir”, le asegura a Journey. Y revela que permanecerá en Mar Chiquita junto a unas 25 personas de su equipo y más de 100 voluntarios.

El reconocido “bioarquitecto” insiste en la importancia de educar en sustentabilidad: “Los adultos ya tienen sus mentes condicionadas, deben desaprender, lo que hace que sea  más difícil abordar el tema con ellos. Los niños, en cambio, pueden crecer de una manera diferente”, resalta.

El nuevo edificio se construirá con 5.000 botellas de PET y de vidrio, 14.000 latas de aluminio y más de 2.000 cubiertas de neumáticos usadas. Pura reutilización. No es que al recibirse de arquitecto en la Universidad de Cincinnati en 1969 Reynolds ya supiera que iba a usar latas y botellas para levantar paredes, pero sabía que la respuesta a su inquietud ecológica se escondía en esa dirección. “Esos materiales ya están ahí, y fueron fabricados demasiado bien como para ser tirados. Una vez que los usás te das cuenta de que son mucho mejores que los productos para construcción que hay en el mercado”, reflexiona. Él cree que la arquitectura tradicional no tiene en cuenta las “necesidades” del mundo de hoy; que sólo se encarga de dar cobijo. “Tenemos que permitirnos a nosotros mismos pensar y ver diferente”, propone, y desafía a sus interlocutores al asegurar que los materiales tradicionales son los que tienen baja calidad. Cuenta que en sus casas ecológicas –las cerca de 1.000 “Earthships” (“Naves Tierra”, en castellano) repartidas por el mundo– se han criado ya muchos niños. “¡Y ellos piensan que el modelo tradicional es lo ridículo!”, destaca.


La clave de una “Earthship” es que sea autosuficiente, como dice Reynolds. Debe abastecerse de agua de lluvia, que se reutiliza tres veces antes de su disposición final; y su energía proviene de paneles solares. Los neumáticos se rellenan de tierra y cartón y se apilan para construir los muros exteriores, mientras que las botellas de PET y las latas se ensamblan entre estuco para levantar las paredes interiores. Así es la escuela de Jaureguiberry y así será la de Mar Chiquita, que tendrá 300 m2.

La mente detrás de “Earthship Biotecture” mantiene su aspecto pintoresco, con su melena blanca alborotada, anteojos de sol y una camisa tropical que consiguió durante uno de sus proyectos sustentables en Indonesia. Reynolds luce igual que hace diez años, cuando saltó a la fama como protagonista de “El guerrero de la basura”, documental en el que mostró al mundo la revolucionaria manera de construir que encaró cuatro décadas atrás.

Aquel documental conmovió a muchas personas alrededor del mundo. Entre ellas al uruguayo Martín Espósito, director general de Una Escuela Sustentable. Su equipo de Tagma probó suerte y llamó a Reynolds, que vive en su propia “earthship” en Nuevo México (EE.UU.) y la respuesta fue positiva. Además de ganar varios premios, la escuela de Jaureguiberry llamó la atención de este lado del Río de la Plata.

“Si esos niños crecen cuestionando cómo recolectamos el agua que usamos o de dónde obtenemos energía, ya van a pensar desde ese lugar y la sustentabilidad va a tomar un nuevo valor. Empezando desde este punto, podemos esperar cambios más importantes y profundos a futuro”, asegura Espósito, quien pretende que sus palabras resuenen en toda Latinoamérica. Su pensamiento está en sintonía con el de Reynolds, para quien los niños son la mejor apuesta para que la humanidad se aleje del precipicio que, para él, supone el modo de vida actual.

Una Escuela Sustentable Argentina se enmarca dentro del PLANMAR, una iniciativa desarrollada por la asociación civil Amartya con el apoyo del Municipio de Mar Chiquita, ambos socios en este proyecto que busca instalar un modelo de desarrollo local sustentable a través de la educación.

“Si podemos trabajar con niños de seis años y logramos que este mundo dure lo suficiente como para que ellos cumplan 20 años, entonces, lo habremos conseguido”, concluye el reconocido ecogurú. Mar Chiquita podrá parecer eso, chiquita, pero es la segunda parada del sueño mucho más grande.

 

Si querés sabér más sobre la iniciativa de Coca-Cola “Un Mundo sin Residuos”, hacé click acá

Si querés conocer otras formas de construcción ecológica leé esta nota

Si querés conocer los ecoladrillos que elaboran tres jóvenes cordobeses leé esta nota