Pocas zonas de la Ciudad de Buenos Aires ofrecen un contraste tan grande entre la vida antes y después de la pandemia como los alrededores del Palacio de Tribunales: hoy no queda nada de esa urgencia que la caracterizaba. En su lugar hay veredas vacías, oficinas cerradas y la mayoría de las persianas bajas. El silencio es notorio; el barrio adquirió el aspecto de un pueblo fantasma.

En ese panorama distópico llama la atención un kiosco ubicado frente al Registro Civil, con sus luces encendidas y mostradores llenos de productos. “El Gato Félix”, en la calle Uruguay 780, supo ser un comercio de paso para las miles de personas que cada día circulaban entre las avenidas Córdoba y Corrientes. Hoy, aunque la nueva realidad es muy diferente, el kiosco sigue en pie. “Se siente la falta de gente, sin dudas. Pero yo siempre aspiro a más, así que no me iba a quedar cruzado de brazos ante esta crisis”, le asegura a Journey Cristian Torre.

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Ubicado a pocas cuadras del Palacio de Tribunales, el kiosco de Cristian solía estar repleto de clientes. A pesar del impacto de la pandemia, contrató a un empleado para entregar las ventas que hace con Wabi. 

Así, y a pesar de que la dinámica del negocio cambió por completo, Cristian no alteró su rutina: como desde hace cuatro años se sigue levantando bien temprano por las mañanas para llegar al centro desde su casa en Parque Chacabuco y abrir el kiosco a las siete en punto. Ante la falta de clientes que circulan por la vereda, decidió salir a buscarlos de otra manera y apeló a las herramientas digitales, con las que ya venía haciendo ensayos. “La situación de los kioscos es muy complicada. Hoy la gente elige las aplicaciones móviles, así que si no te actualizás te quedás en el camino”, sostiene.

En ese proceso, Cristian comenzó a apoyarse cada vez más en Wabi, la plataforma desarrollada por YOPDev con el apoyo de Coca-Cola, que conecta a los consumidores con los kioscos y almacenes de su barrio. Si bien ya la utilizaba desde antes, cuenta que a partir de la pandemia la demanda explotó, al punto de que tuvo que contratar a un empleado adicional para hacer los repartos y planea incorporar un segundo. “Terminé transformando mi kiosco en un almacén porque los clientes te piden de todo. Estoy muy agradecido; es una plataforma que apunta a los comercios chicos. Hoy la estamos pasando mal, pero gracias a Wabi puedo decir que mantengo mi negocio estable, lo cual no es poco en el contexto actual”, resalta.

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Cristian también usa WabiPay, el sistema de pago virtual que ofrece la plataforma y funciona con un código QR, lo que elimina la necesidad de intercambiar billetes.

La app, incluso, le permitió a Cristian extender el área de influencia de su kiosco y ahora llega a lugares que del modo tradicional no hubiera podido. “Antes le vendía a gente de acá a la vuelta, como mucho, pero de ninguna manera a alguien que viviera a 10 cuadras. Son nuevos clientes que capté gracias a la plataforma”, celebra. Y piensa en cómo será la nueva normalidad cuando haya pasado el temporal. “Wabi nos cambió la mentalidad y por eso va a seguir firme luego de la pandemia. Creo que llegó para quedarse, porque ofrece un beneficio que antes no teníamos incorporado: estés en tu casa, en el trabajo o en la esquina con amigos, podés pedir lo que necesites con tu teléfono y el comercio más cercano te lo acerca”, resume Cristian, que aprovecha la plataforma por partida triple: además de potenciar sus ventas, es usuario de WabiPay -el sistema de pago virtual que ofrece la plataforma y funciona con un código QR, lo que elimina la necesidad de intercambiar billetes-; y adquiere productos al por mayor través de Wabi2b, la herramienta que lo conecta con los distribuidores y le permite conseguir mejores precios y promociones.

Por su rol activo en Wabi, Cristian siente que forma parte “una gran familia”. “Estamos todo el día en contacto, me dan consejos, escuchan mis sugerencias. Los resultados de esa relación tan fluida se ven mes a mes”, puntualiza el comerciante de 33 años, que está esperando la llegada de Alma, su primera hija. Y bromea: “Tengo más trabajo del que pensaba, así que por momentos no me da el tiempo ni para ponerme nervioso por esta nueva etapa como papá”.

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