“¡Que hable el presidente, que hable el presidente!”, se escucha desde el fondo del micro. Pero Javier Petrera niega con una sonrisa y alerta a los viajeros que deben prepararse porque están a punto de llegar a destino. Los 25 socios de la Asociación Argentina Coca-Cola Collectors, que lidera Javier, y otros 15 coleccionistas de diversos rincones del planeta están a punto de ingresar a uno de los lugares donde la marca de sus sueños guarda su mejor secreto: la fórmula de la bebida más famosa del mundo.

“Bienvenidos a la Planta Alcorta de Coca-Cola FEMSA en el barrio de Nueva Pompeya, Buenos Aires. Gracias por visitarnos”, agradece amablemente Victoria Notta, una de las encargadas de la visita guiada por la embotelladora de origen mexicano, quien deberá lidiar con la ansiedad y emoción del grupo.

Antes de iniciar el recorrido, los visitantes escuchan atentos la charla sobre el Sistema Coca-Cola, esta particular red de franquicias y proveedores que forman una gran familia a nivel global. La potencia de FEMSA –la mayor embotelladora de Coca-Cola en el mundo– asombra a los coleccionistas: con presencia en 11 países, brinda productos a casi 400 millones de personas por día.

Viaje por el tiempo

Para conocer algunos de los secretos de la planta hay que recorrer una larga pasarela que atraviesa la zona de producción. A un lado se observan –a través de un vidrio– las máquinas y los operarios; al otro, una línea del tiempo grafica la evolución de Coca-Cola desde su fundación y resalta los principales hitos de la Compañía en Argentina y el mundo.

“Les voy a pedir que no saquen fotografías de este sector, donde se puede ver el proceso de producción y embotellamiento”, alerta Victoria: es que el secreto y la magia de cómo se elabora Coca-Cola sólo se puede retener en la memoria.

El embotellado de las bebidas de Coca-Cola ocurre en espacios pulcros, en un entorno robotizado y mecanizado donde se cuida hasta el más mínimo detalle. Una de las cosas que más llama la atención de los visitantes es la fabricación de los envases: tras un proceso de calentamiento, las pequeñas proformas similares a tubos de ensayo se expanden hasta adquirir su forma tradicional. “Ya estuve en plantas embotelladoras en México y en Chile, y siempre se aprende algo nuevo y sorprendente”, destaca Alfredo Correa, oriundo de Santiago de Chile.


“¡Es increíble! Mira cómo ‘vuelan’ las botellas de Sprite a toda velocidad”, alerta a sus colegas Melís Kori, proveniente de Turquía, quien asegura que visitó otras plantas embotelladoras en su país, pero que la de Buenos Aires le llama especialmente la atención por cómo se estructuran las visitas y por su cuidadoso proceso de producción. La guía resalta el equipo que mediante fotografías detecta fallas o impurezas en las botellas: “Si se registra un envase que no cumple con los requisitos o que no contiene la cantidad de bebida que corresponde, la máquina la separa automáticamente de la línea de producción”.

Termina la visita y para agasajar a los visitantes se organiza un sorteo final. Los coleccionistas se despiden y se preparan para la cena que tendrá lugar en un restaurante con show de tango. La mejor antesala para lo que está por venir y, en verdad, lo que los reunió a todos en Buenos Aires: la 6ª edición de la Convención Internacional de Coleccionistas de Coca-Cola que arrancará al día siguiente.    

Si querés saber detalles sobre la edición 2017 de la Convención Internacional de Coleccionistas de Coca-Cola, leé esta nota.