El 8 de mayo pasado la Compañía Coca-Cola cumplió 135 años. Y para celebrarlo conversamos con Jorge Cunioli, que trabaja desde hace 41 años en Reginald Lee, una de las cuatro embotelladoras de la Compañía en el país.

“Cuando me pongo a pensar en todo lo que pasó desde que ingresé acá, no lo puedo creer”. Jorge Cunioli trabaja desde hace 41 años en Reginald Lee, una de las cuatro socias embotelladoras de Coca-Cola en Argentina, donde pasó gran parte de su vida.

Jorge puso un pie en la planta de Ranelagh por primera vez en 1980, cuando la embotelladora tenía unas pocas líneas de producción y él, apenas 21 años. Empezó en Ventas, pero a los dos meses recaló en el sector de Administración, donde hizo carrera hasta llegar a Jefe de Cuenta Corriente. “Más allá de que Reginald Lee no tuviera la dimensión que tiene ahora, la realidad es que yo nunca había trabajado en un lugar tan grande”, explica al rememorar el impacto de esos primeros días. “Pero al mismo tiempo, veíamos a los dueños que iban y venían, que pasaban por al lado nuestro. Para mí, esa cercanía era impensada”, admite.

Ese último detalle es el que Jorge reconoce como la base del sentido de pertenencia tan fuerte que existe entre los empleados quienes, en muchos casos, describen a la embotelladora como “una gran familia”. “Puede sonar trillado, pero es así. No importa la jerarquía del puesto que uno ocupe; hemos vivido miles de cosas juntos, sabemos los nombres de nuestros hijos y nos alegramos con las buenas noticias del otro. No sé si será algo común, pero para mí eso muy importante”, celebra.

Más allá del plano profesional, donde reconoce que como parte de Reginald Lee y del Sistema Coca-Cola siempre tuvo la oportunidad de adaptarse a los tiempos y a las tecnologías de turno, Jorge destaca que gracias al trabajo también creció como persona. Y después de tantos años, le cuesta separar las cosas: sin ir más lejos, las medallas que recibió al cumplir 25 y 35 años de antigüedad en la embotelladora están exhibidas en su casa junto a recuerdos familiares como las fotos de sus hijos, de su nieto y varios regalos por el Día del Padre. “Es que son importantes, son mi mayor legado”, reconoce Jorge.

“Estoy segurísimo de haber hecho mi aporte, pero también de que la empresa me dio mucho a mí. Lo vivo de esa manera”, reflexiona Jorge. Y recuerda cuando de adolescente pasaba con sus amigos por la puerta de la planta y la veían como algo casi inalcanzable. “La marca Coca-Cola representa muchas cosas para la gente. Cuando uno la nombra, todo el mundo sabe de qué está hablando. Y eso no lo logra cualquiera”, destaca.

Mientras transita sus últimos años como profesional, Jorge disfruta de la nostalgia emotiva bajo la que transcurre el diálogo con Journey. Y reconoce que forma parte de su motor en este tramo en el que, de a poco, prepara el terreno para que tomen la posta las nuevas generaciones. “Sé que dejo algo en el Sistema Coca-Cola, una impronta, aunque sea un mínimo legado a mis compañeros”, sostiene. Y concluye: “Para mí es un orgullo ver a los más jóvenes aplicar lo que les fui enseñando. Jamás lo pensé de esa manera, pero hoy veo que mi aporte les sirvió y eso me pone contento”.

Si querés conocer la historia de Coca-Cola en la Argentina a través de la visión de un coleccionista de objetos antiguos de la marca, te invitamos a leer esta nota