Empezó a coleccionar latas de Coca-Cola cuando tenía 11 años y hoy se especializa en productos antiguos de la Compañía; en especial, aquellos que tienen que ver con la historia de Coca-Cola Argentina, desde su llegada al país en 1942 hasta la década del ‘80. En el marco del 135º aniversario de la Compañía, que se celebra el 8 de mayo, conversamos con él sobre su pasión por la marca, sus piezas más valoradas y la relación de la bebida más famosa del mundo con nuestro país.

Estaba por comenzar la década del ´90 cuando Matías D’Agostino, que por aquel entonces tenía 11 años, volvía a la Argentina de unas vacaciones en Brasil con sus padres y la valija cargada de latitas de Coca-Cola para coleccionar. “A mis viejos siempre les voy a agradecer el apoyo, porque me dijeron ‘bueno, si te gusta, dedicate’”, recuerda en diálogo con Journey en el living de su casa, donde se nota a simple vista que, efectivamente, “se dedicó”.

Convertido en un apasionado coleccionista de objetos de la marca, hoy Matías posee entre 6.000 y 8.000 piezas distribuidas entre su casa, la de sus padres y un depósito. No sabe el número exacto porque en vez de pensar en cantidades prefiere hablar de la calidad de los objetos. Para él, esa es una de las cosas que diferencia al “juntador” del “coleccionista”. “Ninguna de las dos está mal, pero cuando empezás a coleccionar querés tener más y más objetos, y la realidad es que de nada sirve juntar mucho si no sabes qué es lo que estás adquiriendo”, destaca. Y agrega: “Yo tengo en cuenta la calidad de los artículos; tal vez estoy un año para conseguir algo puntual”, reconoce este socio fundador del Club de Coleccionistas de Coca-Cola en Argentina.

“Me dicen ‘El historiador’ porque me gusta leer sobre la historia de Coca-Cola en la Argentina. Es como que cada uno se especializa en algo que le gusta y yo me dedico a lo que son antigüedades; compro libros y tengo mucha información”, continúa Matías. En este proceso, se especializó en objetos antiguos de la marca: “De los ‘80 para atrás”, especifica.  

Desde su rol de “historiador”, Matías asegura que la aceptación de Coca-Cola en Argentina fue inmediata: la Compañía llegó al país en 1942 con una botella labrada de 185 mililitros. “Esa botella estuvo presente en todo el mundo; ibas a Túnez y la encontrabas en letras árabes”, recuerda y señala que en Argentina se solían ver botellas en otros idiomas porque llegaban en los barcos y entraban a la línea de producción sin ser descubiertas por quienes trabajaban allí. Otro de los hitos que destaca el coleccionista es la incorporación del envase familiar de 770 mililitros en 1957. “En esos años comienza el cambio de la botella labrada a la botella pintada”, explica.

Matías también hace foco en el tema de la conservación de la bebida: “Siempre se habló de tomar la Coca-Cola bien helada y por eso, cuando llegó al país, la Compañía implementó la primera conservadora con hielo: se llamaba ‘el niño’ y entraban 24 botellitas. Luego trajo a la hermana mayor, que la duplicó en tamaño”, informa. Los años ’50 se caracterizan por el boom de los electrodomésticos y a principios de los ‘60 Coca-Cola Argentina incorpora la primera dispensadora de botellas. “Ahorraba mucho espacio en los comercios porque ya no tenían que tener exhibidos los cajones. Las personas podían servirse la botella fría directamente de una heladera”, explica el coleccionista.

Objetos preciados

Este 8 de mayo se cumplen 135 años del nacimiento de Coca-Cola, bebida que en agosto cumple 79 años en la Argentina. Para celebrar el aniversario, Matías nos muestra objetos clave del vínculo de la Compañía con nuestro país. “Si tengo que elegir, el más preciado es, sin dudas, una de las gorras originales que usaron los primeros vendedores de Coca-Cola, en agosto del ‘42. Estuve años buscando vestimenta de la década del ‘40 y del ‘50 y logré conseguir esta gorra, que es la única que se conoce por el momento”, dice mientras se la coloca sonriente sobre su propia cabeza.

De la década del ‘50, Matías menciona una de las primeras heladeras eléctricas que usó Coca-Cola en el país; y menciona que de los ’70 valora especialmente los objetos relacionados al Mundial ‘78, porque además es el año de su nacimiento. “De los años ochenta ya se me hace muy difícil elegir, porque poseo infinidad de materiales y de muchos de ellos sólo se conoce esa pieza que tengo yo. Eso me gusta, porque denota la dificultad de lo que es conseguir un objeto histórico”, destaca.

Matías cuenta que hizo muchas “locuras”, cómo las llama él, para conseguir una pieza y sumar a su colección: por ejemplo, viajó a Colombia exclusivamente para comprar objetos de Coca-Cola. Y participó en convenciones internacionales de coleccionistas en Chile y Brasil, similares a las que organiza en el país la Asociación Argentina Coca-Cola Collectors a la que él pertenece.

La colección de Matías está llena de historia, pero también de futuro: “Un sueño que tengo es abrir un museo para poder mostrar lo que tengo y que la gente aprenda sobre una marca tan importante”.

Si querés leer sobre la historia del mayor coleccionista de objetos navideños de Coca-Cola fabricados, distribuidos o comercializados en nuestro país leé esta nota