Entre los 75 stands que le dieron forma a la 7ª Convención Internacional de Coleccionistas de Coca-Cola en Buenos Aires, el de Aníbal Fornari tuvo una seña particular, un condimento que obligaba a desenfundar el teléfono para tomar una foto o un video: un trencito rojo y blanco circulaba sobre su mesa a través de una especie de Ciudad Coca-Cola, con estructuras que simulaban rascacielos y adornos a base de botellas y tapitas.

Como en toda metrópolis, siempre hay más de lo que se puede encontrar a simple vista. Y en este caso, se escondía la historia de la propia familia Fornari. “Este es un homenaje a mi papá, Eduardo, que fue uno de los primeros empleados de La Plata Refrescos, la planta donde por aquel entonces se elaboraban, embotellaban y distribuían los productos de Coca-Cola en nuestra ciudad”, explicó a Journey Aníbal, con la mirada fija en un portarretratos que exhibía las tarjetas personales de su padre, que llegó a ser Jefe de Publicidad y Promoción de la empresa.

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En su stand, el tren rojo y blanco de Aníbal atravesaba una especie de Ciudad Coca-Cola, con estructuras que simulaban rascacielos y adornos a base de botellas y tapitas.


Por esa relación de largo aliento con la Compañía, su colección empezó a tomar forma desde muy chico. “Mi padre siempre decía que yo fui el primer hijo de la fábrica y así, cada vez que cumplía años, me invitaban a pasar un día en la empresa y recibía muchos regalos. Es imposible olvidarme de todo eso”, aseguró el hombre que participó por segunda vez como expositor en la Convención de Buenos Aires.

Lejos de dejar confinado esos regalos en el cajón de los recuerdos de su infancia, la colección de Aníbal siguió creciendo y hoy, en su casa de Villa Castells, en las afueras de La Plata, resguarda alrededor de 800 botellas, tanto de aluminio como de vidrio y en miniatura. También posee una enorme cantidad y variedad de artículos promocionales: desde camioncitos y calcomanías hasta discos de pasta y folletería antigua.

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Agustina acompañó a Aníbal a la Convención Internacional de Coleccionistas, donde su papá expuso los artículos de la colección que armó desde la infancia.

Pasión familiar

La importancia de Coca-Cola en la vida de Aníbal también impactó en la de sus hijos, Octavio y Agustina; ella, de hecho, lo acompañó a la muestra en La Rural. “Todo esto me encanta, pero sobre todo porque a él le gusta. Vine porque lo amo un montón y quise verlo haciendo lo que le apasiona. Eso me genera mucha felicidad”, explicó Agustina, que no descarta tomar la posta más adelante. “Tenemos un cuarto especial para su colección, ¡y es el espacio más limpio y luminoso de la casa! Es fantástico, mi papá le dedica mucho amor. El futuro dependerá de lo que quiera él. Tal vez pueda ser una cosa de hermanos, pero continuar el legado sería hermoso”, agregó la joven que creció rodeada por juguetes de la marca.

A Aníbal  la idea le encanta: “Por eso los traigo a las exposiciones, por eso viajamos y les presento a todos. Gracias a Coca-Cola hicimos muy buenos amigos en muchas partes del mundo”, reveló, y destacó, en definitiva, la esencia de estos encuentros y del coleccionismo en general: “Esta es una gran familia que te abre las puertas de su casa. Uno piensa que es una locura de uno solo, y se encuentra con que se trata de una pasión compartida. Y no importan los idiomas: Coca-Cola para mí es el recuerdo, pero también un lenguaje universal”.

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