Si bien para los coleccionistas el punto final es una utopía, hubo un momento en el que Martín Mori sintió que su catálogo de botellas argentinas de Coca-Cola era tan completo que podía abrirle la puerta a nuevos desafíos. Y así fue como se sumergió en un universo que hoy lo apasiona y del que se convirtió en un experto: la magia navideña de Coca-Cola, que en este 2020 cumple 100 años. “Siempre me llamó la atención la figura de Santa Claus, toda la historia que tiene detrás, así que me pregunté por qué no dedicarle un apartado especial dentro de mi colección”, le cuenta Martín a Journey en el living de su casa ubicada del barrio porteño de Villa General Mitre, donde las vitrinas están repletas de objetos de la marca de todas las épocas.

“Mis padres estaban separados, así que con mi hermano a veces pasábamos Nochebuena con mi mamá y otras con mi papá, que nos llevaba a San Genaro Norte, un pueblo de Santa Fe donde tenía muy buenos amigos. Pero no importaba el lugar, siempre eran Navidades felices”, rememora Martín, y se le dibuja una sonrisa cuando viaja mucho más acá en el tiempo y recuerda cómo sus hijos –Daniela (hoy de 24 años) y Diego (21)– corrían a buscar a Papá Noel cuando eran pequeños.

Sin pausa, pero sin prisa, Martín se convirtió en el coleccionista argentino que más piezas navideñas atesora: son más de 150 y todas fueron fabricadas, distribuidas o comercializadas en nuestro país. Entre ellas se incluyen botellas, muñecos, posavasos, carteles publicitarios y tarjetas de salutación de circulación interna dentro del Sistema Coca-Cola, que son las reliquias que más disfruta conseguir, como la de 1964 de La Plata Refrescos, una de las plantas embotelladoras de aquella época. Una figura de Papá Noel en dos dimensiones, que para su sorpresa terminó siendo de tamaño real, es otro de los grandes protagonistas de la colección. “La conseguí por la web, a través de un sitio de comercio electrónico. Pero entendí mal y pensé que era algo chiquito. Fui a buscarla con mi esposa, Inés, que me esperó afuera. Cuando volví y me vio con semejante armatoste me quería matar. ¡Es tan grande que no lo podíamos ni meter en el auto!”, describe entre carcajadas. Y aunque inicialmente pensó en venderla abrumado por sus dimensiones, confiesa que le tomaron cariño y ahora forma parte de la familia. 

“Creo que el vínculo entre Coca-Cola y la Navidad viene muy ligado por el tema de la alegría, por el celebrar juntos un evento tan importante. Es un momento de felicidad, de risas y anécdotas en la mesa y Coca-Cola es como un símbolo de unión entre todos”, señala Martín. Y añade: “Desde chico veo la imagen del clásico Papá Noel muy relacionada a Coca-Coca y la Navidad, siempre brindando esa sensación de calidez, de unión de familia y amigos”.

Una cosa que Martín destaca a lo largo de toda la charla es la paciencia de su esposa e hijos. Como él no maneja es Inés quien lo lleva a buscar los artículos para comprar o vender, y  todos, de una u otra manera, lo acompañan en cada una de las Convenciones Internacionales de Coleccionistas de Coca-Cola en las que participa. “Se aguantan todo, la verdad. La máxima fue cuando les hice cambiar las vacaciones y terminamos viajando a Córdoba especialmente para recorrer el barrio Güemes, porque Coca-Cola había lanzado una edición limitada de botellas que conmemoraban a siete de sus famosos bares y solo se conseguían en el lugar”, detalla. 

Un legado rojo y blanco

Martín empezó su historia con los artículos de Coca-Cola ya de grande, en 2006, pero reconoce que nació con el gen coleccionista gracias a su padre, que amaba las antigüedades y en especial los frenos de caballo, los que se encargaba de restaurar y exhibir en las paredes de su quinta de fin de semana. “Yo lo ayudaba a montarlos en las maquetas y lo veía pasar horas y horas en su tallercito. Era su cable a tierra, y este es el mío”, asegura este especialista en Sistemas e Informática que durante la cuarentena, aprovechó el tiempo libre para programar y montar sobre una botella de Coca-Cola una singular versión del Pong, el primer videojuego de producción masiva de la historia.

MARTÍN_MORI_COLECCIONISTA
Especialista en Sistemas, Martín montó sobre una botella de Coca-Cola una singular versión del videojuego “pong” para jugar de a dos y con pantalla incorporada.


Para Martín es muy importante el valor simbólico del coleccionismo; casi tanto como los objetos en sí mismos. Por eso, está orgulloso de que su hijo también le haya encontrado el gustito y haga crecer de a poco su catálogo de monedas. “Todavía no tiene la misma pasión que yo, que me la paso buscando objetos en las redes y en los anticuarios, pero mi sueño es que él pueda seguir con la colección. Cuando empecé con esto lo pensé también como una herencia, como mi legado”, admite.

Por último, Martín reflexiona que “la confraternidad entre los coleccionistas es algo hermoso: nos juntamos a comer, compartimos historias y hasta nos hacemos regalos, porque sabemos qué le gusta a cada uno”. Y mientras observa los miles de objetos que tiene a su alrededor, concluye: “Es como una pequeña Navidad permanente”.

 

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