La historia comenzó con una visera de plástico rojo de Coca-Cola. Fue el primer objeto de la marca que llegó a manos de Natalia Godoy, por entonces una adolescente de 18 años que, casi sin darse cuenta, así daba sus primeros pasos en el mundo del coleccionismo. Pronto encontró un encanto especial en las botellas de Coca-Cola de Argentina e inició una colección que no deja de crecer. Lo que empezó como un pasatiempo se volvió pasión y luego una forma de vida.

Años más tarde su padre, Omar, decidió compartir con su hija el placer de buscar piezas de la marca y dividieron los intereses: él se especializaría en objetos lanzados desde la llegada de Coca-Cola al país (1942) hasta no más allá de los años ‘80, y ella buscaría desde los ’90 en adelante. Juntos fueron ampliando la colección y hoy disfrutan compartiéndola con otra gente.  


En familia

“Es una pasión. En todos lados reconocemos Coca-Cola antes que cualquier otra cosa”, asegura Natalia desde su stand en la 5° Convención Internacional de Coleccionistas de Coca-Cola Argentina, realizada recientemente en Buenos Aires. A su lado, Emilia, su hija de 4 años, juguetea entre las figuras coleccionables. “Es la primera vez que se va a quedar todo el día. Las ediciones anteriores vino sólo un ratito porque era muy chica”, agrega la coleccionista.

Comenzó con la hija, continuó con el padre y ahora se suma la nieta. “Es algo especial que hasta ahora compartía nada más que con mi papá. Me encanta poder incluirla a ella”, concluye sonriente Natalia, mientras mira a la pequeña que se divierte entre las mesas repletas de botellas, stickers y muñecos de distintas épocas. Tres generaciones, más de medio siglo de historia familiar, un stand y la misma pasión por el rojo de Coca-Cola. Una curiosidad más entre los miles de objetos de colección que poblaron el encuentro en La Rural.  

 

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