La necesidad de activar protocolos para atender clientes y establecer medidas de distanciamiento social alteraron por completo las rutinas en kioscos y almacenes. El Sistema Coca-Cola de Argentina lanzó “Estemos Abiertos. Juntos Salimos Adelante”, un programa que, entre otras iniciativas, distribuye elementos de bioseguridad para ayudar a que los comerciantes puedan cumplir con su trabajo de manera segura.   

A 50 metros de la estación Ciudadela del Ferrocarril Sarmiento, el bullicio y la congestión que caracterizaban a esa zona concurrida del Conurbano bonaerense fueron reemplazados por silencio y algunos pocos peatones: las escuelas están cerradas, los comercios tienen las persianas bajas y son pocos los que poseen motivos para tomarse el tren. En el medio de este panorama, un pequeño kiosco mantiene las luces encendidas, esperando atraer a clientes que antes llegaban de a cientos. “Está difícil, hay que pelearla, pero por lo menos todavía tenemos trabajo”, se consuela Gustavo Pérez, que desde hace 17 años está al frente de este comercio  al que en el último mes le agregó una mampara que le brinda una protección extra al tapabocas que ahora usa todos los días.

Con el alcohol en gel siempre cerca y enfundados con barbijos, máscaras de protección y mamparas que los separan de los visitantes, son muchos los kiosqueros que, como Gustavo, adquirieron nuevas rutinas para cuidarse y proteger a sus compradores. Para acompañar en este momento a los comercios de cercanía, los principales clientes del Sistema Coca-Cola en la Argentina, la Compañía y sus socios embotelladores comenzaron a donarles elementos de bioseguridad en el marco del programa “Estemos Abiertos”, que busca impulsar la reactivación y que estén preparados para cuando llegue el momento de la postcuarentena.  

Pero el coletazo económico de la pandemia también cambió los hábitos de consumo de los argentinos y la demanda de golosinas, por ejemplo, bajó hasta en un 80 por ciento. “Los negocios de la periferia, en los barrios, se adaptaron rápidamente al formato de kiosco-almacén e incorporaron productos de la canasta básica alimentaria y de higiene personal”, explica a Journey Adrián Palacios, Presidente de la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA). Otros dieron un paso más e igual que el kiosquero Cristian Torre se sumaron a plataformas digitales como Wabi, que conecta a los usuarios con los pequeños comercios del barrio. “Las entregas a domicilio tuvieron un valor importante, y se canalizaron a través de ese tipo de sistemas y de las redes sociales”, reconoce el representante de la UKRA.

Rol social en el barrio

El comercio electrónico también fue una buena opción para almacenes, autoservicios y pequeños supermercados. “Un almacén de barrio siempre tuvo una captación de cinco o seis cuadras a la redonda. Pero con la tecnología las fronteras se extendieron”, se entusiasma Fernando Savore, Presidente de la Confederación General Almacenera (CGA).

Según Fernando, en un primer momento en el sector hubo temor por mantener las persianas levantadas, pero la función social de los almaceneros los llevó a seguir adelante. Para eso, como los kioscos, también incorporaron nuevos protocolos de higiene y seguridad; algunos más sofisticados que otros. En el autoservicio “Patricia”, que comanda Fernando Tkaczuk en la localidad bonaerense de 9 de Abril, se instaló un rociador sanitizante en la puerta y se le toma la temperatura a todos los que ingresan al local.


“Entendimos que hemos progresado en la vida gracias a los clientes, que además son nuestros vecinos; no podíamos bajar la persiana y dejarlos sin su almacén de siempre”, señala el Presidente de la CGA. Y agrega: “Sentimos que tenemos una responsabilidad con el barrio. Muchos hemos heredado el oficio de nuestros padres, y los hijos o los nietos de quienes eran sus clientes hoy nos siguen eligiendo”.


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