Suena el timbre y dos personas atraviesan el hall cargando bolsas de supermercado. Buscan sus nombres en un pizarrón, los marcan y siguen su camino saludando con afecto a quienes encuentran a su paso. No están en su lugar de trabajo ni en su hogar; aunque casi: son huéspedes de La Casa de Ronald McDonald, un espacio que desde 1998 brinda alojamiento a familias que llegan desde lejos para que sus hijos reciban atención médica de alta complejidad en Buenos Aires.

Las 30 familias que hoy comparten su rutina en este espacio del barrio porteño de Almagro celebran el punto final de las obras de mejora y acondicionamiento de las instalaciones. Ahora pueden disfrutar de ambientes renovados y con más comodidades para llevar de la mejor manera posible un período de sus vidas en el que lo más importante es la contención y el optimismo. Las obras realizadas en esta Casa beneficiarán cada año a más de 1000 niños y sus familias.

“Vivir acá es muy emotivo. Somos 120 personas que compartimos noticias de las buenas y de las malas, pero jamás te sentís solo”, explicó Flavia Piñeiro, abuela de Luca, un jovencito de 13 años oriundo de Ituzaingó, provincia de Corrientes, que nació con una miopatía congénita por la que debe viajar regularmente a Buenos Aires desde que tiene seis meses. Sonriente,  Flavia reconoció que tanto ella como su nieto sienten a la Casa como su segundo hogar, en parte por el apoyo recibido pero también porque, sencillamente, muchos cosas importantes terminaron ocurriendo allí: fue donde Luca, por ejemplo, realizó la jura de la bandera. “Puede parecer raro, pero a nosotros ya se nos hizo normal; asumimos que es para que él se ponga bien”, sostuvo.

Con apoyo de Coca-Cola de Argentina, las obras de remodelación abarcaron toda la planta baja, donde se encuentran los espacios comunes como el comedor, la cocina, la sala de juegos y la de los padres. Con la primavera ya instalada, la perlita de la refacción es el jardín: un amplio espacio verde que fue embellecido con un mural a cargo del artista plástico Saulo Metria. A partir de ahora, además, los niños contarán con juegos de plaza hechos 100% con plástico reciclado, otro aporte de la Compañía, que está en línea con su ambicioso objetivo global de vivir en un Un Mundo Sin Residuos.

Los juegos del jardín son de plástico reciclado y el mural lo pintó el artista Saulo Metria.

Las autoridades de Coca-Cola visitaron uno de los espacios interiores renovados. 

Un impacto mayor

El aporte de Coca-Cola se extiende también a otros tres proyectos de La Casa de Ronald McDonald: la remodelación de los diversos espacios comunes de la Sala Familiar dentro del Hospital Garrahan, para mejorar el confort de los papás y mamás cuyos niños se encuentran en terapia intensiva; la ampliación de la Casa de Mendoza; y la renovación del edificio y del equipamiento de la Casa de Córdoba.

“Los valores detrás de nuestra participación en una obra como esta van más allá de la asociación con La Casa: la esencia es compartir, poder apoyar a gente que está pasando por muy malos momentos y estar, tanto desde lo presencial como desde el corazón”, aseguró a Journey Alejandro Ortiz, Business Development, Operations and Supply Chain Director de Coca-Cola Latinoamérica y Board Director de la Casa Ronald McDonald Argentina, durante la recorrida que realizó junto a Mariale Álvarez, Directora de Asuntos Públicos, Comunicación y Sustentabilidad de Coca-Cola de Argentina.

Guillermina Lazzaro, Directora Ejecutiva de la institución, hizo hincapié en la alegría que generó la novedad dentro de la Casa: “Las remodelaciones siempre son momentos de transición. En este caso, le aportan belleza y calidez a nuestro lugar y, en consecuencia, también tranquilidad a las familias. Muchas de ellas se hospedan aquí hace muchos años y son testigos de todos los cambios, por lo que además de celebrarlos ponen mucho cuidado y cariño para preservar lo lindo que ha quedado”. Y agregó: “La Casa de Buenos Aires abrió sus puertas hace 20 años y desde entonces ha recibido a más de 5.500 niños y sus familias. Es muy importante el aporte de Coca-Cola para continuar trabajando en mantener a las familias unidas”.

La historia de Flavia y Luca es un excelente ejemplo. Ella nunca olvidará la primera vez que pisó La Casa de Ronald McDonald, según contó. “Viajamos todo un día desde Corrientes con el bebé en el cochecito y muchas valijas. Mi impresión inicial fue de sorpresa por el tamaño del lugar y su limpieza, pero enseguida se sumó la parte humana: nos recibió Gabo, la gerenta, y a Luca le regalaron un peluche que todavía atesora”, relató emocionada, poniendo en palabras una sensación que flotaba en el aire: que bajo este techo no hay 30 familias sino una sola.

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