Un grupo de mujeres debate acaloradamente alrededor de una gran mesa en una sociedad de fomento de Sarandí, partido de Avellaneda. El tema principal es la defensa de los derechos de las mujeres, un asunto que atraviesa a todos los sectores y, por lo tanto, también a las mujeres kiosqueras. Además de ser protagonistas de un cambio que se viene produciendo lento pero sin pausa, ellas cumplen muchas veces un rol invisible pero fundamental: suelen ser testigos o confidentes ante situaciones de violencia.

Frente a esta realidad cotidiana, Graciela Adán, Presidenta de la Fundación Global, brindó para ellas un taller sobre violencia de género y derechos de las mujeres, con el objetivo de aportarles información especializada y herramientas para saber cómo actuar. La propuesta forma parte del programa de capacitaciones para mujeres kiosqueras y almaceneras que organiza Fundación Global junto a Coca-Cola de Argentina y la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA) y se enmarca en 5by20, la iniciativa global con la que Coca-Cola aspira a capacitar a 5 millones de mujeres en todo el mundo para el año 2020. En ese contexto, desde hace tres años se dictan cursos de administración, tecnología y marketing, entre otros temas. Casi el 80% de los kioscos del país son atendidos por mujeres, destacó a Journey el presidente de la UKRA, Adrián Palacios.

El encuentro en Sarandí coincidió con los festejos por el Día Nacional del Kiosquero. Por eso, mientras las mujeres se capacitaban y debatían, sus familias y los colegas varones las acompañaban en el salón que se vistió de fiesta para celebrar esa jornada especial. “Las mujeres tenemos que tener en claro que no venimos a sacarle el lugar al varón, sino que venimos a caminar al lado con igualdad de derechos, con igualdad de oportunidades y de economía. Y también, sobre todo, saber que el cuidado de los hijos y de la casa no es un tema sólo de mujeres”, les explicaba Graciela.

La violencia de género preocupa a la especialista, que difunde entre las kiosqueras una tarjeta circular con un 144 bien grande: es el número de teléfono para hacer denuncias sobre violencia de género. “La mujer no publicita mucho si sufre violencia, pero la kiosquera puede darle este pequeño círculo con el 144 junto a los productos que le compre. Eso sirve porque es una complicidad entre mujeres: si sospecha que pasa algo simplemente le puede decir ‘llévese esto, que a lo mejor le sirve’”, enfatiza Graciela.

La presidenta de Fundación Global remarca el papel de sus comercios en la sociedad. “En el barrio, muchas veces la persona va al kiosco para que la escuchen, como va al psicólogo”. El presidente de la UKRA coincide en todo. Para él, el kiosco es el comercio de proximidad con mayor contacto directo con el vecino. La gente va a comprar, pero también a charlar. “El kiosco es una filosofía de vida que está arraigada en la cultura argentina”, subraya. Y luego destaca que son las mujeres las que llevan las nuevas tecnologías a sus pequeños comercios, aun cuando sólo atiendan a través de una ventana de su casa. “Las mujeres están en todos los detalles, administran bien el comercio y logran una mejor exposición de los productos”, afirma.

Como el resto de las mujeres, muchas de las kiosqueras encaran el desafío diario de estar al frente del negocio y, al mismo tiempo, hacerse cargo de su hogar. “A veces es difícil atender a los hijos y a los clientes a la vez, pero siempre nos la ingeniamos para salir adelante”, dice con orgullo Micaela Díaz. Una voz que representa a muchas.

Si querés conocer la historia de Marisa, una kiosquera por convicción, leé esta nota