Con el paso de los meses quedó claro que el problema del coronavirus no es sólo sanitario: su efecto también impacta en muchos otros planos de la sociedad. Un buen ejemplo es el de los kioscos y almacenes argentinos, que siguieron funcionando pero sintieron de manera directa las consecuencias del aislamiento social. Y no es un dato menor si se tiene en cuenta que estos comercios emplean en el país a unas 400.000 personas de manera directa, sin contar a los proveedores y otros eslabones de la cadena productiva.

Los números son elocuentes y dan cuenta del valor de estos comercios en la comunidad: el 80% de los 100.000 kioscos registrados por la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA) son emprendimientos familiares. Y sólo el 20% tiene tres empleados o más; el resto es administrado por el dueño y, como mucho, otro familiar.

Del lado de los almacenes y autoservicios la situación es bastante similar. Si bien los datos varían según el tamaño del local, la flamante Confederación General Almacenera (CGA) estima que cada uno de los más de 60.000 comercios censados cuenta con un  promedio de tres trabajadores. Fundada en 2019, la CGA posee representantes en todas las cámaras y federaciones sectoriales de la Argentina.

El hecho de ser negocios que en su mayoría están atendidos por sus dueños les aporta un diferencial, según Fernando Savore, Presidente de la CGA: “Somos parte de una comunidad, conocemos personalmente a nuestra clientela y podemos ofrecerle una atención personalizada, casi artesanal. El público se acerca a los comercios de cercanía buscando eso”, resume.

Impacto de la pandemia

Si bien la CGA confirma una baja en las ventas en el marco de la pandemia, todavía no registra almacenes que hayan tenido que cerrar. El caso de los kioscos es más dramático: aunque muchos se reinventaron apostando a herramientas digitales como Wabi, lo cierto es que desde marzo son 30.000 los que bajaron sus persianas al menos de manera temporal, tras sufrir una baja en las ventas de hasta el 90 por ciento. “Cuando cae el consumo interno del país, nosotros siempre somos los primeros afectados”, advierte Adrián Palacios, Presidente de la UKRA.

Frente a este panorama, el Sistema Coca-Cola decidió unir la fuerza de todos sus integrantes para darle forma al programa #JuntosSalimosAdelante y así brindarles apoyo a los kiosqueros y almaceneros de la región. La iniciativa, que en la Argentina se lleva adelante en alianza con Solidagro, incluye la entrega de elementos de bioseguridad, acciones comerciales y un programa de ayuda financiera para un canal de ventas que no por nada es conocido como “el tradicional”: se trata de los clientes históricos de la Compañía, que representan el 90 por ciento de los 264.000 que comercializan sus bebidas en el país.

El apuntalamiento con el que la Compañía busca acompañar la reactivación del sector es, además, un aporte en la lucha por lograr una mayor equidad de género en términos económicos: cerca del 70% de los kioscos son administrados y atendidos por mujeres, cifra que en los almacenes ronda el 40 por ciento. “Muchas veces este tipo de emprendimientos nace por la voluntad de ellas, que comienzan con un despacho de pan y productos envasados y luego cuando el negocio crece empieza a tomar otra forma. Las mujeres almaceneras son un símbolo para nosotros, porque no tienen miedo de tomar riesgos”, asegura Fernando, de la CGA.

“Si bien aún estamos atravesando una etapa de incertidumbre, en Coca-Cola queremos trabajar para ser parte de la recuperación social y económica de nuestra cadena de valor”, señala Fernanda Salerno, Gerente de Relaciones Institucionales de Coca-Cola Argentina. Y concluye: “Asumimos el compromiso de apoyar a los kiosqueros y los almaceneros, que son quienes representan nuestro barrio, nuestras costumbres. No sólo pensamos que hay una salida, sino que además la impulsamos. Juntos, siempre salimos adelante”.

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