El Sistema Coca-Cola en Argentina busca apoyar la reactivación de kioscos, almacenes y autoservicios afectados por la pandemia. Te contamos la historia de Daniel Ale, uno de los comerciantes que recibió la ayuda económica en el marco del programa.

Hace medio siglo que Daniel Ale vive en la misma esquina de Marconi y Enrique de la Fuente, en Isidro Casanova. Llegó allí con apenas 6 años, de la mano de su mamá, Mirta, cuando las calles todavía eran de tierra y a su alrededor no había nada, solo campo. Creció bajo ese techo donde luego también formó su propia familia y crió a sus hijos. Y a fines de 2015 sumó una aventura más vinculada al hogar de toda su vida: acondicionó una habitación que da a la calle para montar su propio lugar de trabajo, un kiosco ventana que fue un éxito desde el primer día.

“Inauguramos el comercio un 31 de diciembre con muchos nervios, porque no sabíamos qué iba a pasar”, recuerda a  Journey Daniel, que administra el emprendimiento junto a su madre, su esposa Liliana y sus hijas Iara y Jimena. Entre los cinco se turnan para atender al público y no paran nunca: están abiertos de lunes a domingo, desde temprano por la mañana y hasta bien entrada la noche. “A las 7 nos levantamos todos para trabajar y poner el hombro. Como vivimos acá mismo, no hay excusas para llegar tarde”, bromea.

A pesar de las dudas iniciales, la demanda de sus clientes nunca cesó y muchas veces, incluso, superó sus propias expectativas; de hecho, en las horas pico pueden tener hasta 30 metros de cola en la vereda. ¿Las claves del éxito? Daniel menciona dos: atender a todo el mundo con una sonrisa y no descansar nunca en la búsqueda de oportunidades para vender a mejores precios. “Ese es un sacrificio que tal vez no se vea, pero me la paso en la calle, viajando de una punta a la otra, para encontrar oportunidades que me permitan ofrecer los mejores precios”, explica.

Sin embargo su exitosa estrategia no lo hizo inmune al cimbronazo que significó la pandemia del coronavirus en la economía. “Las ventas bajaron muchísimo”, se lamenta Daniel, y amplía: “En este barrio mucha gente vive de las changas y en los momentos más complicados de la cuarentena no tenían trabajo para hacer. Eso sin dudas impactó en nuestros números”.

Esa situación que experimentó de manera directa Daniel no es ajena a la realidad general de un sector que Coca-Cola Argentina conoce muy bien: el 90% de sus 264.000 clientes en el país son pequeños comercios de barrio, como el de Daniel, que representan el principal ingreso familiar. Por eso, ante este escenario complejo, la Compañía estableció una alianza con Solidagro para llevar adelante el programa Estemos Abiertos, que aportó $770 millones en ayuda financiera, sanitaria y tecnológica para colaborar en la reactivación de 25.000 locales de todo el país, entre ellos este kiosco de Isidro Casanova.

Con el apoyo económico de Estemos abiertos, Daniel decidió invertir en mercadería para reabastecerse.

Con Estemos Abiertos, Coca-Cola Argentina busca impulsar el desarrollo de las personas y comunidades que forman parte de la extensa cadena de valor de la Compañía en el país, que emplea a más de 174.000 personas de manera directa e indirecta e incluye, además de kiosqueros y almaceneros, a productores agropecuarios, choferes, operarios y repositores, entre otros. “Fue un aporte muy grande y que no me lo esperaba”, enfatiza Daniel sobre la ayuda económica que recibió, y cuenta que utilizó el dinero para comprar mercadería y reabastecerse. Otros comerciantes, en cambio, eligieron reacondicionar sus negocios. Como contrapartida por haber recibido la ayuda económica, el programa invita a los comerciantes a que sean parte de una cadena de favores y devuelvan algo de lo que recibieron con un acto solidario en sus barrios, que puede tener la forma de donación de productos, trabajo comunitario o aquello que sume a su comunidad.

Daniel resalta que Estemos Abiertos significó un empujón para potenciar la energía con la que enfrenta cada jornada de trabajo y que pasado el momento de incertidumbre hoy puede mirar al futuro con buenos ojos. Y aunque coquetee con pasar los próximos años cerca del río, su gran pasión –está haciendo un curso de timonel a distancia y dice que sueña con mudar su negocio y tener su propia lancha almacén en el Delta–, lo cierto es que le cuesta imaginarse muy lejos de Isidro Casanova, esa comunidad que lo elige cada día. “Para mí es una alegría trabajar en el barrio con toda la gente que me vio crecer. Estoy muy orgulloso de eso”, concluye.

Si querés saber más sobre Estemos Abiertos leé esta nota.