Como todos los negocios de barrio, la dietética y almacén de Adriana en Ciudadela sintió el cimbronazo de la pandemia. Pero gracias al apoyo de Estemos Abiertos, nuestro programa para impulsar la reactivación económica de 25 mil pequeños comercios del país, la emprendedora pudo hacer frente a los desafíos y devolvió el gesto con sorteos entre sus clientes.

Hasta hace once años, Adriana Orsino trabajaba como diseñadora gráfica en una oficina “muy chiquita, sin ventanas y sin luz”. Pero entonces decidió dar un cambio rotundo a sus días: “Quería volver al barrio, formar mi familia y poder estar cerca de mis hijos cuando eso sucediera”, cuenta hoy, ya madre de dos niños y dueña de “Vamos al grano”, un local que comenzó como dietética y fue creciendo hasta convertirse en un almacén con variedad de productos saludables.

Cuando Adriana se refiere al barrio habla de Ciudadela, en el partido bonaerense de Tres de Febrero, al que la une un gran cariño. Tal vez por eso, la impronta de su local: “Quería dar la oportunidad de tener opciones saludables más cerca. Es una zona de gente grande y no había negocios para que pudieran acceder fácilmente a productos más sanos”, cuenta.


En la actualidad, la emprendedora trabaja junto a su hermana, Rossana. Y entre las dos se dividen los turnos. “Cuando empecé el negocio, lo que más me gustaba era ver hacia afuera, sentir el aire, el sol… Había estado muchos años en una oficina oscura, así que todavía disfruto estar acá. Me levanto con ganas, me gusta mucho charlar con los clientes”, señala Adriana.

La llegada de la pandemia alteró esa rutina, pero la perseverancia de Adriana para sacar el negocio adelante hizo que en la adversidad pudiera ver una oportunidad: potenciar el servicio de entregas a domicilio para llegar a sus clientes de forma segura. “Ya hacía entregas a domicilio, pero pude profundizarlas”, cuenta. Y aprovecha para agradecer la ayuda que recibió de Coca-Cola Argentina: “Vamos al grano” fue uno de los almacenes beneficiados por Estemos Abiertos, el programa con el que la Compañía impulsó la reactivación económica de 25.000 pequeños comercios de todo el país. “La ayuda llegó en el momento justo porque nos habíamos quedado sin heladera: se le había roto el motor. Además, con el dinero que recibimos pude arreglar mi bicicleta para hacer más repartos en el barrio”, destaca.

La cadena solidaria de Adriana

Con un fuerte arraigo comunitario, al momento de otorgar su fondo no reembolsable Estemos Abiertos propuso a los comerciantes que buscaran una manera de devolver la ayuda que recibieron, y así continuar la cadena solidaria. Adriana decidió entonces armar canastas navideñas que sorteó entre los vecinos a fin de año y durante los últimos tres meses de 2020; además, permitió a los clientes comprar bebidas retornables sin necesidad de que le entregaran un envase a cambio, para impulsar el consumo de envases más amigables con el medio ambiente.

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Madre de dos niños, Adriana se turna con su hermana Rossana para tener abierto el local entre las 9 y las 20. 


“A mí me ayudó un montón este programa porque la heladera hubiera quedado parada porque el arreglo era carísimo”, reconoce Adriana. Y  concluye: “Está bueno que una compañía como Coca-Cola se preocupe por sus clientes; uno siente que tiene un apoyo. De algún modo te permite pensar ‘bueno, tenemos una espalda, alguien que considera que es importante que hagamos nuestro trabajo para que todo funcione’. Y eso se siente bien”.

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