Julia Strada se entusiasma cuando repasa los últimos movimientos de un tema que conoce muy bien y desde hace tiempo: horas antes del Día Internacional de la Mujer, la joven economista, miembro fundador del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) y flamante Directora del Grupo Banco Provincia, recibió a Journey para analizar el aporte femenino a la economía, uno de los debates que toman fuerza dentro de la agenda de género de nuestro país y del mundo.

“La discusión sobre el tema empezó a crecer escalonadamente en el último tiempo, sobre todo en cuanto al aporte que le hacemos al Producto Bruto Interno y cómo ello no se corresponde con la remuneración que recibimos”, describió Julia, haciendo especial alusión a las actividades domésticas que no reciben una paga, pero que en la Argentina le demandan a las mujeres –en promedio– más de seis horas diarias, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Un trabajo publicado en la página web del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) muestra el alcance de esto: sólo el trabajo doméstico y el cuidado no remunerado representaron el 24,1% del PBI de la Argentina en 2017.

Esta realidad se hace todavía más cruda en los hogares donde la mujer adulta es la única que genera los ingresos en el hogar. “Los datos de feminización de la pobreza arrojan que cerca del 60% de los hogares pobres están encabezados por mujeres solas que deben criar hijos menores de siete años”, graficó la especialista, y agregó: “Existe la idea de que un país que atraviesa un mal momento económico no puede darse el lujo de discutir la cuestión de género, pero el ejemplo anterior demuestra que no es así: redistribuir el ingreso pensando en el trabajo no remunerado puede ayudar a resolver la cuestión de la pobreza”.

Calidad y no cantidad

Según un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los beneficios de las empresas pueden crecer hasta un 20% si se incorporan mujeres en los altos cargos empresariales. Pero Julia propuso una mirada diferente: “Lo que me parece que incorporan cuando se suman al espacio público o a las empresas privadas es la dimensión de la vida, es la dimensión de la sostenibilidad de la vida”. Y graficó: “Nuestro sistema económico de pronto tiene que sumarse a esta discusión por todo lo que significa incorporar el proceso de reproducción femenino a la generación económica: qué hacemos con el embarazo, el nacimiento, el posparto, las licencias, el cuidado de los hijos y las hijas, la crianza”.

A la hora de pensar en una cultura laboral más justa para las mujeres, Julia considera que la solución no pasa por distribuir en partes iguales los puestos de trabajo con los hombres. O, al menos, que con eso solo no es suficiente. “No es un problema cuantitativo, sino de perspectiva de género. Una mujer no es garantía para un determinado cargo por el simple hecho de ser mujer; hay hombres que también están preparados para ocupar esos lugares. Y viceversa”, reflexionó. Para ella hay que celebrar, ante todo, los espacios diversos e inclusivos, donde también se puedan considerar otras variables en la discusión, como las de las personas trans.

Al repasar su experiencia personal, Julia admitió ser una afortunada: “Tuve la suerte de que mi aporte siempre fue muy respetado en todos los lugares donde trabajé, pero reconozco que eso, en general, no es lo que pasa. Hay que estar preparada para demostrar tus capacidades todo el tiempo, porque si te equivocás, la pagás el doble que un varón”, reconoció.

A pesar de todas las limitaciones de la realidad socioeconómica del país, Julia se mostró optimista respecto a la evolución del debate en Argentina y sus posibles resultados en un futuro no tan lejano: “El camino que estamos recorriendo es muy positivo, y va más rápido de lo que muchas podríamos habernos imaginado. Si lográramos avanzar en estos temas podríamos generar transformaciones antes que lo que pasa en otras partes del mundo”.

Si querés saber por qué persiste la brecha de género en el mercado laboral argentino, leé esta nota