El partido acaba de terminar y uno de los jóvenes atletas trepa hasta la tribuna para sacarse selfies con los fanáticos que lo alentaron. El estadio estalla en una ovación a pesar de que no se trata de un deportista local sino de Alam Saiful, jugador de hockey oriundo de Bangladesh quien, con su carisma, logró ganarse el cariño del público. Todavía falta un rato para que el seleccionado argentino se enfrente a Malasia por el cuarto partido de la fase de grupos, pero las tribunas están repletas desde hace un par de horas. Aunque es miércoles por la tarde, el clima que se respira es de domingo.

Ubicado en el sur de la ciudad de Buenos Aires, el Parque Olímpico es uno de los cuatro donde se desarrollan los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018 y, acaso, la sede más emblemática. Su cercanía a la Villa Olímpica –donde residen las delegaciones de todo el mundo- le da una característica especial: cientos de atletas aprovechan sus ratos libres para acercarse a  alentar a sus compañeros, ver otros deportes y disfrutar de los amplios espacios verdes y las propuestas del lugar. Así, el parque se tiñe con los colores de los diferentes uniformes de cada país.

Presentado por Coca-Cola, el Parque Olímpico posee cinco pabellones que representan a cada uno de los continentes y en los que compiten diferentes disciplinas: en Asia, judo y lucha olímpica; en África, esgrima; en Europa, karate y levantamiento de pesas; en Oceanía, boxeo y taekwondo; y en América, gimnasia. Por su parte, hockey, atletismo y natación tienen sus propios estadios. Además, el lugar ofrece numerosas actividades como parte de su programa cultural, espacios de iniciación deportiva para los espectadores y una zona de food trucks. Las instantáneas son divertidas: mientras un grupito de niños disfruta de una obra de teatro al aire libre, otros más grandes aprovechan para dar sus primeros pasos en judo, se divierten simulando ser Usain Bolt o bien comiendo algo rico al aire libre.

Para toda la familia

“¡Es increíble! ¡M.A.R.T.A. siempre tiene razón!”, exclama una joven en el stand de Coca-Cola mientras juega con el robot interactivo que presume ser el único ser del planeta capaz de reconocer la diferencia entre la Coca-Cola Sabor Original y la Sin Azúcar. “Mirá amigo, alto gif  hice”, le comenta un chico a otro luego de saltar varias veces frente a una cámara. A pocos metros del pebetero, el espacio lúdico montado por Coca-Cola atrae a gente de todas las edades. Mientras algunos optan por poner a todo volumen su playlist en una rockola otros esperan para crear una etiqueta de Coca-Cola con una foto propia.


Unos metros más allá, los más apasionados del deporte aprovechan para ver en pantalla gigante las competencias en vivo, recostados sobre cómodas reposeras. O bien utilizan el espacio para tomar sol o hacer un picnic al aire libre. Además, los fanáticos de Coca-Cola For Me cuentan con un centro de canje para cambiar sus bubbles por diferentes premios. “Por nuestro stand pasan unas siete mil personas por día. Los fines de semana llegamos a casi 15 mil, si contamos a aquellas que además disfrutan el point de las pantallas. Esto es casi el 70% de la gente que visita el parque”, señala a modo de balance Sebastián Firpo, ex atleta olímpico y quien hoy, como responsable de Marketing de Experiencias para Coca-Cola de Argentina, Uruguay y Paraguay, estuvo entre quienes se encargaron de lograr este gran espacio, acorde a una de la citas deportivas más importantes de la historia del país. Como desde hace 90 años, en Buenos Aires Coca-Cola también acompañó y promovió los valores del olimpismo.

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