Tenía apenas cinco años, pero recuerda cada detalle de su primera visita al Teatro Colón como si hubiera ocurrido ayer: entró al edificio de la mano de sus abuelos, dos inmigrantes rusos apasionados por la ópera, y la conexión fue tan fuerte que perduró por siempre. El destino quiso que la historia fuera todavía más allá, y María Victoria Alcaraz es hoy quien lleva adelante el desafío de dirigir este gran coliseo argentino, una de las cinco salas líricas más importantes del mundo.

Historiadora, especialista en Políticas y Gestión de la Cultura y dueña de una carrera destacada en el área pública —en su currículum figura, por ejemplo, haber estado al frente del Centro Cultural San Martín—, en 2015 María Victoria se convirtió en la primera mujer en dirigir el Colón en sus más de 110 años de historia, todo un hito que para ella es un honor que asume con responsabilidad: “Me da mucho placer pero también me exige el doble. Este es un gran desafío profesional y personal”. Como le ocurre a la gran mayoría de las mujeres que logran abrirse camino en ámbitos por lo general comandado por hombres, María Victoria  destaca que en su caso la clave fue el haber podido “administrar con muchísimo cuidado, casi   milimétricamente, el tiempo de mamá, el de ama de casa y el de funcionaria”. Y resalta las cualidades femeninas a la hora de liderar un equipo: “Siempre digo que las mujeres somos grandes estrategas. Somos capaces de ocuparnos y de desarrollar varios roles y temas en forma simultánea con absoluta dedicación, cuidado y detalle. De a poco nos fuimos dando cuenta de que tenemos esta característica, pero lo interesantes es que ahora se nos está empezando a reconocer”, afirma. 

El valor de lo colectivo

Como máxima responsable del Teatro Colón, María Victoria conoce la importancia del trabajo y el pensamiento en equipo. Y resalta la tarea de las cerca de 1.000 personas que allí trabajan: “Hemos conformado un grupo muy sólido, que tiene el mismo espíritu, y eso nos permite ponernos objetivos comunes e ir espalda con espalda en una institución que es muy compleja”, reconoce. En ese sentido, no se olvida de la importancia de cada uno, que muchas veces cumplen sus tareas a contramano del resto del mundo: “Debemos contar con el apoyo de nuestro entorno, de nuestras familias, porque trabajamos los sábados, los domingos, de día o de noche. Lo que para el resto de la gente es el momento del entretenimiento o del goce de un hecho artístico y cultural, para nosotros es el horario laboral”, señala.

María Victoria sabe que tanta dedicación dio sus frutos, que llegó lejos y que el futuro seguramente la seguirá sorprendiendo, pero al momento de pensar en sus logros celebra, ante todo, el camino recorrido: “Hay que soñar siempre, eso no tiene techo. Pero a mí también me gusta tener los pies sobre la tierra y disfruto de lo que me toca en cada momento. Está muy bien que persigamos un horizonte, pero debemos tener siempre presente que es una línea imaginaria que sirve de referencia. Es importante aprovechar lo que tenemos. Eso nos hace más ricos”.


 

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