El nombre de la entidad que preside Fernando Savore es largo, muy largo, porque apunta a incluir a todos los rubros que nuclea. Si bien se trata de la Federación de Entidades de Autoservicistas, Almaceneros, Supermercadistas y Polirrubros de Buenos Aires, Fernando asegura que bien se la podría llamar Federación de Almaceneros, a secas; una identidad con la que todos se sienten identificados y que resume el espíritu de servicio de la agrupación.

“El almacén refleja la historia del país. Siempre cumplió un rol social: al principio, por ejemplo, funcionaba hasta como oficina de correos. Además, fuimos los que inventamos la tarjeta de crédito en la Argentina… con un cuaderno”, señala Fernando en su despacho del barrio porteño de San Cristóbal, donde recibió a Journey para celebrar por anticipado Día del Almacenero, que se conmemora cada 16 de septiembre.

Los almacenes están ligados de manera directa a la inmigración, sobre todo a los millones de españoles e italianos que escaparon de la guerra y la miseria de Europa para refugiarse en la Argentina. Fue durante la primera mitad del siglo XX cuando la gran mayoría desembarcó en estas tierras para empezar una nueva vida. El convertirse en almaceneros los ayudó a la integración barrial y ciudadana de forma casi automática.

A pesar de los cambios ocurridos en el rubro de la venta de alimentos y a la proliferación de los grandes comercios, todavía quedan almacenes con largas mesadas y antiguas balanzas donde se respira la historia de estos establecimientos que eran –y en muchos casos, siguen siendo–  el centro del barrio, y un trabajo a tiempo completo: de lunes a domingo para sus propietarios. Precisamente, una de las características de este negocio en la actualidad (ya sea almacén, supermercado de barrio, autoservicio o polirrubro) es que casi siempre son sus dueños los que están al frente del mostrador. Se trata de familias que, con esfuerzo y dedicación, ofrecen “el producto más fresco, el mejor precio y la mejor atención”, según destaca el Presidente de la Federación que los nuclea, que busca reivindicar y relanzar el papel de estos establecimientos. “Cuando viajo por Argentina con mi familia siempre busco un almacén de los de antes. Si tengo tiempo entro y charlo con sus dueños. Es algo que me gusta y me emociona”, confiesa Fernando.

Cadena de valor

La historia de los almacenes también está ligada a la de Coca-Cola. Cuando la Compañía celebró sus 75 años en la Argentina, en 2017, presentó la campaña “Creamos Juntos”, que hizo foco en los más de 200 mil puestos de trabajo –directos e indirectos– que genera el Sistema Coca-Cola y que, a su vez, impulsan las economías regionales del NOA, NEA, Litoral, Alto Valle, Cuyo y Patagonia. El objetivo de la comunicación fue reflejar las historias de quienes integran la Cadena de Valor de la Compañía, como los 280.000 pequeños comercios de todo el país que confían en los productos de Coca-Cola para hacer crecer sus emprendimientos.

“La empresa Coca-Cola estuvo y estará siempre. Tuve la suerte de tener buenos vendedores de la empresa a mi lado, para mi negocio”, resalta Fernando, dueño de un almacén en la localidad de Morón. “Como Federación de Almaceneros hay que decir que cada vez que llamamos a Coca-Cola, siempre estuvo con nosotros. Nos conocen, saben cuáles son nuestros problemas y cuáles son nuestras necesidades”, valora.

Apoyándose en su rica historia, la Federación de Almaceneros de Buenos Aires también piensa en su futuro. En la actualidad, no sólo está realizando un censo para saber con certeza cuántos son, sino que además apuesta con énfasis por fomentar el pago electrónico en sus comercios y establecimientos adheridos. Aunque asegura que todavía queda mucho camino por recorrer, Fernando recalca que aquellos almacenes que potenciaron esta forma de pago lograron aumentar sus ventas hasta en un 20 por ciento.  La asociación también imparte cursos y seminarios sobre comercio digital a los afiliados, así como talleres para mejorar las ventas y sobre cómo atender mejor a los clientes y vecinos. “Durante mayo y junio pasaron por las aulas de nuestra ‘escuelita’ unas 500 personas”. Y concluye, con orgullo: “Los almaceneros estamos en permanente evolución”.

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