Cuando empieza a caer la tarde y Jimena Cobal nos abre la última tranquera, la sensación de paraíso que anticipaba el trayecto recorrido por el norte entrerriano se multiplica: allí los protagonistas son los molinos y el murmullo del agua de los canales, angostos y precisos, que riegan las 400 hectáreas de plantación de arroz del campo familiar de la anfitriona.

“Lo mejor de todo esto es la percepción de libertad que te dan el aire libre y la naturaleza”, señala Jimena, que aprendió a valorar las bondades de la vida rural: cuando se casó con Jonatan dejó atrás el ritmo urbano que tanto disfrutaba como estudiante universitaria en su Rosario natal. Hoy su vida tiene como epicentro a Chajarí, a unos 20 kilómetros de este campo. Allí pasa el tiempo acompañando el crecimiento de sus dos pequeñas hijas, Olivia y Emilia, y colaborando con el emprendimiento familiar que encabezan Jonatan y su padre.

“Ellos son arroceros de toda la vida, jamás se les cruzaría producir otra cosa. Tienen una conexión muy especial, lo llevan en la sangre. De a poco me lo van transmitiendo a mí también, y trato de ayudar en la parte administrativa”, cuenta Jimena, que se formó como licenciada en Administración de Empresas. En ese rol, y particularmente a la hora del diálogo o de negociar con personas que no son de la familia, Jimena reconoce haber identificado barreras propias de un universo culturalmente asociado a los hombres, como es el campo. “Siento que al principio me ponen a prueba. Todo lo que hablan conmigo, después lo tienen que reafirmar con alguien más, por ejemplo, con Jonatan. Pero es hasta que se acostumbran; después ya está”, describe.

Mamá de dos nenas chiquitas, la administradora de empresas sueña con un emprendimiento propio junto a su marido.


Jimena rescata que esas dificultades son oportunidades para sumar horas de vuelo de cara a lo que se viene: el proyecto de independizarse del negocio familiar y emprender una nueva sociedad junto a su compañero de vida. En el pasado ya tuvieron una experiencia positiva en Chaco, donde vivieron por un tiempo, y ahora su idea es dar un paso adelante y hacerse cargo de toda la parte contable y de análisis. “Vamos a ir de a poco, haciendo pruebas, a ver cómo funciona”, anticipa con prudencia.

Fue con esa meta en mente que Jimena decidió anotarse en el Posgrado de Agronegocios y Alimentos que la Facultad de Agronomía de la UBA lleva cada año a Entre Ríos. Para cursarlo, recibió una beca de Coca-Cola otorgada en el marco de 5by20, su programa global para impulsar el desarrollo económico femenino. La filial local de la Compañía ya becó a 25 mujeres. De carácter itinerante, el programa cambia de ubicación año a año, y en 2019 fue el turno de Chajarí, así que no lo dudó: “Mi formación universitaria no tuvo tanto enfoque en el agro, así que el posgrado fue una oportunidad excelente”, explica. En cuanto a los aprendizajes, valora especialmente el intercambio con sus compañeros y profesores, que la inspiró para continuar con sus proyectos: “Me quedaron muchos contactos de otros emprendedores y experiencias enriquecedoras que me motivan a seguir adelante”, asegura.


Gracias a este nuevo empujón, Jimena mira hacia el futuro con expectativa y, sobre todo, optimismo. Además, quiere alentar a otras mujeres a seguir el mismo camino. “A las que no se animan les diría que lo intenten, que no se dejen vencer”, recomienda. Y concluye con un mensaje que refleja los frutos de su experiencia: “Por más que se suela relacionar a la parte operativa de un campo con los hombres, nosotras estamos en todos lados, también en el sector agropecuario. Solamente hay que animarse”.

Si querés conocer la histora de Valentina Miller, una veterinaria entrerriana que cursó el Posgrado de Agronegocios y Alimentos de la UBA, hacé click acá