Basta con atravesar las puertas de ingreso al luminoso edificio en el que funciona el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) para descubrir por qué Celeste Saulo quedará en la historia: en la placa que expone los 23 nombres de los Directores Generales del organismo, sólo aparece una mujer. Es precisamente el de Celeste, quien en 2014 se convirtió en la primera mujer en 145 años en llegar a lo más alto de la institución encargada de dirigir toda la actividad relacionada con el clima en el país.

Con su abuela paterna como referente clara –era directora de escuela–, de niña Celeste jugaba a ser maestra. En el secundario ejercitó sus ganas de enseñar con sus compañeras del Normal Nº6, a las que ayudaba a preparar exámenes gracias a su facilidad con la matemática y la física. Pero cuando llegó el momento de elegir qué estudiar, sintió que lo suyo no era el magisterio y se inclinó por la carrera de Ciencias Meteorológicas, de la UBA.

“La facultad me dio la posibilidad de hacer una carrera en la que la docencia era muy importante –di clases durante muchos años– pero, además, tenía otros condimentos: la meteorología me ofrecía esa magia de combinar una ciencia física, que me resultaba tan atractiva, con algo de lo fenomenológico, de lo que se podía ver”, explica Celeste a Journey desde su oficina, donde se destaca un mapa de la Argentina invertido, con la Antártida ubicada en la parte superior y el resto del país “de cabeza”.

Creado en 1872, el SMN estuvo siempre encabezado por hombres. Recién en 2014 asumió su dirección una mujer. 

Si bien en su época de estudiante universitaria la cantidad de hombres y mujeres era bastante pareja, Celeste recuerda que “lo que se tornó muy difícil fue el mercado laboral, porque era muy poco atractivo en términos salariales y con escasas opciones: se podía seguir la carrera académica, y en ese momento era muy limitado lo que se cobraba con una beca del CONICET; o eventualmente trabajar en el Servicio Meteorológico Nacional, pero para eso había que asimilarse a las Fuerzas Armadas, porque todavía dependía de la Fuerza Aérea”. Como esta última opción no estaba en su esquema de posibilidades, la meteoróloga optó por la carrera académica.

¿Cómo era en su área la situación de la mujer en ese entonces?

Si bien éramos muchas las mujeres, los puestos más altos eran ocupados por hombres. Nosotras estábamos en la base de la pirámide y ellos, arriba. Por suerte, eso se fue revirtiendo en el último tiempo.

¿Por qué creé que pasaba eso?

Siempre que una mujer elige competir profesionalmente, pero además, como en mi caso, quiere formar una familia y acompañar el crecimiento de los hijos, en determinado momento se complica ser altamente competitiva. Si se logra pasar esa etapa de la vida en la que prioriza unos aspectos sobre otros, creo que se puede volver a encontrar el rumbo y ascender en la pirámide. El problema es que algunas pueden sentir que en ese ‘durante’ perdieron la continuidad en la carrera y no vuelven a intentarlo.

Celeste se graduó a los 22 años y se casó muy joven. A los 25 tuvo su primer hijo y dos años después a su hija. “Si bien entré en una especie de meseta profesional cuando nacieron los chicos, en el sentido de que no le podía dedicar a la carrera lo necesario para hacer una diferencia, cuando empezaron la escuela yo todavía era joven y tenía ganas de salir a dar la batalla competitiva”, reflexiona. Con todo, reconoce que recién pudo ingresar al CONICET en su cuarto intento. “Ahí digo que la tozudez es algo que caracterizó mucho mi carrera. Cuando yo estoy convencida de algo, lo sigo. Hay coyunturas que son adversas muchas veces, pero hay que tratar de sobreponerse”.

Para la experta, el apoyo familiar fue fundamental. Su marido, psiquiatra, siempre la acompañó y no dejó que entrara en juego la ecuación según la cual, desde el punto de vista económico, seguramente era más conveniente que Celeste se quedara cuidando a los chicos en lugar de afrontar los gastos de una guardería para que ella pudiera completar su doctorado o cumpliera con la beca del CONICET.

Abrir el camino

En cuanto a su llegada al SMN, Celeste asegura que fue algo que la tomó por sorpresa, porque ya tenía encaminada su carrera académica y docente en la universidad. “Pero lo cierto es que me había comprometido mucho con lo que fue, en 2007, el pasaje del SMN de la órbita de la Fuerza Aérea al ámbito civil y cuando las autoridades del Ministerio de Defensa me convocaron para suceder a Héctor Ciappesoni, el primer civil a cargo del SMN luego de la intervención de 40 años que tuvo el organismo, me conmovió la propuesta. Yo tenía una serie de ideas, de propuestas, para que las cosas se hicieran de manera diferente y pensé que si me estaban dando la posibilidad era un buen momento para ejecutar lo que tenía en mente. Y acepté el desafío”.

¿Qué cambios cree que le imprimió al SMN en estos años?

No sé si tiene tanto que ver con lo femenino o más con una característica personal mía, que es tratar de sacar lo mejor de cada uno. En este caso, intenté unir más a la universidad con el SMN, porque creo que tenemos que ser socios estratégicos. Obviamente ningún cambio cultural es de un día para el otro. Tal vez un signo que le había quedado al SMN de sus épocas militares era un cierto grado de aislamiento y ahora tratamos de hacerlo más abierto, más para la comunidad, más atento a lo que el sector productivo o la gente puede necesitar.

Puertas adentro, Celeste resalta que tres de las cinco gerencias y la unidad de auditoría interna ahora están lideradas por mujeres. “Y nos propusimos tratar de dejar como legado algún esquema de políticas de género”, señala. Uno de sus sueños sería avanzar en las cuestiones que faciliten a las mamás y los papás atravesar el momento en el que sus hijos son chiquitos, como horarios adecuados o flexibles y el contar con  una guardería, algo que aún no tienen. “Es un sueño que espero que en algún momento pueda tener respaldo desde lo legal y desde lo presupuestario. Me parece que ese es un punto crítico. Porque lo viví tengo muy claro la importancia de acompañar a una familia en los primeros años de sus hijos. Ahí hay mucho para hacer y habría que hacerlo porque es lo que amplía las oportunidades, sobre todo para las mujeres”.

En abril de 2018, Celeste volvió a ser noticia cuando se convirtió en la primera mujer en llegar a la vicepresidencia de la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Para poder acceder a ese cargo, sí o sí se debe ser director del servicio meteorológico de su país. De las 192 naciones que conforman la OMM, menos del 15% tienen representación femenina.

“Lo primero que puedo decir si pienso en mi recorrido es que hay que tener firmeza y convicción en lo que uno hace y, por supuesto, ayuda. Creo que nadie llega solo a ningún lado. Y eso no implica solamente a la familia, sino que tiene que ver también con los compañeros de trabajo, los modelos de inspiración, un ámbito laboral contenedor”, asegura Celeste. Y concluye: “Hay que tener presente que las cosas son posibles, que si bien hace falta un contexto que favorezca, no hay que bajar los brazos cuando uno siente que el sistema lo deja de costado o no le da la oportunidad. Hay que perseverar. A mí la perseverancia me dio buen resultado”.

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