Hace poco más de diez años, un grupo de estudiantes de cine le pidió a los dueños del  Café San Bernardo poder visitarlos unos días para filmar un cortometraje. El clásico de la Avenida Corrientes estaba por cumplir 100 años y querían contar su historia. “Todavía me lo acuerdo y se me caen las lágrimas, la imagen final eran las mesas de pool con las luces que se iban apagando”, rememora con nostalgia Laura Ávila, la dueña del lugar. El trabajo reflejaba el difícil momento que vivía en ese entonces el bar: clientes envejecidos y una actividad que no dejaba de declinar. Lo que nadie esperaba es que al poco tiempo de ese homenaje, “el Sanber” –como les gusta llamarlo a sus nuevos clientes– se convertiría en un lugar de culto para los jóvenes porteños.

Pero el bullicio al que se había vuelto a habituar este café que figura en la lista de los “Bares Notables” de la Ciudad de Buenos Aires está en pausa desde hace cuatro meses: debido a la pandemia y a las medidas de aislamiento social establecidas por las autoridades debe permanecer cerrado al público. Con todo, aunque en sus enormes salones se extraña el repiquetear de las pelotitas sobre las mesas de ping-pong y el sonido del choque de los palos con las bolas de billar, en la cocina hay movimiento: allí se preparan los pedidos que ahora adquieren la forma de delivery y take away, los dos mecanismos que ayudan a sus dueños a solventar los gastos y pensar en lo que vendrá.

“Cuando empezó la cuarentena cerramos durante 15 días, como todos. Después, empezamos a trabajar con una de las aplicaciones de delivery y luego sumamos el take away”, cuentan en el café. Si bien la actividad no es tan intensa como quisieran, en el San Bernardo todos se las rebuscan para no quedarse de brazos cruzados. Entre cafés, tortillas y milanesas que se preparan para entregar, los mozos y encargados del lugar aprovecharon para pintar los baños, poner a punto las mesas de juego y colaborar con las tareas de mantenimiento que exige un local centenario.

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Mientras esperan poder reabrir, todo el personal colabora con las distintas tareas; incluso a realizar el mantenimiento del lugar. 

“En los sesenta años que tiene el café en la familia hemos pasado de todo. Muchas crisis internas y externas también”, asegura Laura, cuyo vínculo laboral con el mítico café de Villa Crespo empezó en 2009, cuando ingresó a trabajar en el lugar que pertenecía a la familia de su marido. Pero la historia del bar se remonta a 1912 y le debe su nombre a la parroquia ubicada a unos 500 metros de allí, sobre la calle Gurruchaga. En su larga trayectoria, el San Bernardo pasó de ser uno de los puntos de encuentro de la bohemia tanguera –cuando no era extraño cruzarse en su interior con personalidades como Osvaldo Pugliese o, más atrás en el tiempo, el mismísimo Carlos Gardel– a albergar torneos de ping pong entre los más jóvenes. Esa trayectoria y su perfil similar al de un club social fueron las claves de su éxito, pero también una dificultad a la hora de migrar el negocio hacia el delivery.

“Hoy nuestra esperanza está en que nos habiliten algunas mesas afuera, como para que los vecinos que siguen viniendo a tomar su café puedan, al menos, sentarse”, se ilusiona Laura. Y de algún modo, los 800 metros cuadrados del local y la distancia que imponen las mesas de pool o de ping-pong pueden jugarles a favor cuando llegue el momento de la llamada “nueva normalidad”.

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Hoy el San Bernardo sobrevive gracias a las redes sociales, las aplicaciones de delivery y el take away.

Volver al ruedo

“Si pienso en la vuelta, me imagino al lugar lleno de gente, como siempre. No puedo pensarlo de otra manera”, confiesa Christian Ávila, encargado del turno noche y, además, parte de la familia propietaria. “Sabemos que en un primer momento es probable que sólo podamos trabajar al 25% de nuestra capacidad, pero después será al 50 y, eventualmente, volveremos a estar completos”, agrega esperanzado.

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Antes de la pandemia el bar era un punto de encuentro para los jóvenes que, por las noches, se reunían para disputar torneos de ping-pong o billar.

Lejos del desánimo, todos los que trabajan en el lugar esperan ansiosos el momento en el que puedan reabrir. “Lo que me da fuerzas para seguir adelante es que el Café San Bernardo tiene más de 100 años de historia y es un hito en Villa Crespo. Yo siento la responsabilidad del tutor que necesita salir adelante como sea”,  desliza Christian. Laura añade: “Esta situación inédita que nos toca vivir nos tiene que dejar un aprendizaje: que es importantísimo trabajar en conjunto, que la tenemos que pelear juntos”.

“El Sanber” es parte de la extensa cadena de valor de la Compañía en el país, que incluye, entre otros, desde los recolectores de cítricos con los que elaboramos nuestras bebidas, los choferes que recorren cada día el territorio nacional, los pequeños almacenes, kioscos, supermercados; hasta también bares y restaurantes que hacen todos los días un esfuerzo enorme para seguir abiertos y trabajando en sus comunidades. Ahora, y de cara a la recuperación, la clave del trabajo conjunto es más importante que nunca. #JuntosSalimosAdelante 


 

Si querés saber sobre el programa “Estemos Abiertos. Juntos salimos adelante”, con el que Coca-Cola busca apoyar la reactivación de kioscos, almacenes y autoservicios en la etapa postcuarentena hacé click acá