La alianza de Coca-Cola Argentina y Proyecto Agua Segura sigue adelante con “Higiene Activa”, que ya dijo presente en 13 provincias y va por más.

Ubicado a unos 120 kilómetros de la capital provincial, Colonia Itatí es un minúsculo poblado formoseño que supo vivir tiempos mejores pero que hoy, por la migración hacia las ciudades en busca de trabajo, está casi desierto. Los vecinos que se quedaron hacen malabares para capear una realidad adversa: a la parálisis que produjo la pandemia por el coronavirus se le suma el drama omnipresente del dengue y, desde hace unos meses, también una sequía que parece no tener fin.

“Tenemos un aljibe pero no llueve nunca; la calidad del agua es cada día peor”, señaló a Journey Diana Feldmann, maestra de actividades prácticas en la escuela rural del lugar. Si bien hace algunas semanas los ocho alumnos que estudian allí volvieron a tener clases, lo cierto es que el establecimiento nunca cerró sus puertas del todo: más allá de su rol educativo, cumple otra función esencial en la vida de toda la comunidad porque allí está el filtro que garantiza a alumnos y vecinos el acceso a agua para consumo.

Con una vida útil de hasta 100.000 litros, el dispositivo llegó a Colonia Itatí en noviembre de 2017 como parte de una acción de Proyecto Agua Segura (PAS) en alianza con Coca-Cola Argentina. Y hoy se convirtió en el protagonista de “Higiene Activa”, la nueva iniciativa conjunta entre la empresa social y la Compañía, que busca mitigar el impacto del Covid-19 en las comunidades más vulnerables. Apoyándose en acciones virtuales y con el foco puesto en la concientización sobre la importancia del agua para prevenir enfermedades, este programa urgente ya alcanzó a 12.000 personas de 13 provincias argentinas.

“Además de conversar sobre la importancia de la higiene y el cuidado del agua con los niños, aprovechamos que somos poquitos para hacerlo también con todos los padres, y así compartir los consejos y las recomendaciones que recibimos del programa a través de Internet”, explicó Diana.

Una de las marcas distintivas de “Higiene Activa” es, precisamente, que un referente de cada comunidad se capacita a distancia en el tema y luego se ocupa de difundir la información entre los suyos. El método sirve para respetar las cuarentenas, evitar traslados y optimizar la comunicación en rincones del país donde la conectividad no siempre es buena. “El principal desafío de este programa fue la virtualidad. Las redes sociales cobraron un protagonismo que antes no tenían y nos permitieron difundir prácticas muy importantes, como el lavado de manos, que sirven para prevenir el coronavirus pero también muchas otras enfermedades”, resumió Lía Renzini, Directora de Programas de PAS. Y destacó que la respuesta fue, en todos los casos, muy positiva: “Hay mucha información disponible, pero es necesario ordenarla”, resumió.

Nueva etapa

A medida que la pandemia evoluciona y las restricciones se modifican, lo mismo ocurre con los límites de “Higiene Activa”. Y así como en la pequeña Colonia Itatí pudieron reiniciarse las clases, en un lugar tan distinto como el populoso partido bonaerense de San Martín la coyuntura permitió que, en articulación con el municipio y con el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, el programa pudiera comenzar con la entrega de filtros para mejorar el acceso a agua de calidad.

Es el caso del comedor Rincón de Luz, en el barrio 9 de Julio de José León Suárez, que se convirtió en uno de los primeros seis espacios del Gran Buenos Aires en recibir filtros en esta nueva instancia (sobre un total de 55 filtros que se instalarán hasta fin de año). “Llegó hace un mes y nos cambió la vida”, sintetizó Cinthia Quiroga, referente de este comedor que tres veces por semana entrega viandas de comida para 110 familias del barrio. Cinthia explicó que el filtro es clave porque cada vez que cocinan usan unos 100 litros de agua, pero también porque lo aprovechan los niños: los que están jugando en la calle y necesitan hidratarse y los que acuden al comedor para recibir apoyo escolar, una novedad que implementaron a partir de la pandemia.

En la zona todos saben que en el contexto en el que viven, sin cloacas y a metros de un arroyo que se conecta al contaminado río Reconquista, “el pulpo” –como llama Cinthia con cariño al filtro debido a su forma– marca la diferencia. “En algunos casos somos el único espacio de contención con el que cuenta la comunidad”, sostuvo la referente. Y concluyó: “Por eso nos alegra tanto sentir que, por fin, tenemos agua segura”.

Si querés leer sobre la instalación de filtros de Proyecto Agua Segura en parajes rurales de Salta, leé esta nota