Para mantenerse 132 años como la compañía de bebidas más importante del mundo hace falta mucho más que una fórmula exitosa: se requiere una importante inversión en investigación y desarrollo, y una enorme capacidad para adaptarse a los gustos cambiantes de los consumidores a lo largo del tiempo. Los seis centros de Innovación y Desarrollo de Coca-Cola (CIDCC) alrededor del mundo –dos en Estados Unidos, uno en Europa, otro en Japón, uno más en China y el más nuevo, en México– son la mejor muestra de por qué la Compañía Coca-Cola es lo que es.

Para conocer de manera directa cómo nacen las bebidas más innovadoras, pensadas especialmente para los consumidores de América Latina, Journey visitó el CIDCC de México y conversó con Débora Moulin, Gerente de Bebidas Gaseosas y Endulzantes del Laboratorio de Innovación que allí funciona. Ingeniera Química y Técnica en Alimentos, Débora nos explicó, entre otras cosas, cómo es el proceso de investigación que se realiza hasta llegar al lanzamiento de una nueva bebida y en qué se diferencia el paladar de los consumidores latinoamericanos del de otras regiones.

Débora Moulin, parte del equipo del Centro de Innovación y Desarrollo de Coca-Cola para Latinoamérica, explica cómo diseñan los productos para la región. 

“En el Laboratorio de Innovación analizamos tendencias de consumo y a partir de ellas ideamos nuevas fórmulas de bebidas y preparamos los prototipos. Probamos diversas combinaciones y hacemos los ajustes que creemos necesarios para que los productos estén dentro del perfil que esperamos o definimos previamente”, resume esta brasileña, que trabaja para Coca-Cola desde hace 18 años, primero en el laboratorio para América Latina que funcionaba en Río de Janeiro, y desde hace tres años en el que se inauguró en la capital azteca. Antes de ser lanzadas al mercado, las nuevas bebidas deben pasar la prueba de degustación en Centro del Consumidor, un espacio innovador dentro del CIDCC donde se trabaja con consumidores que catan las novedades.

Débora explica que hay ciertos gustos que son muy básicos y compartidos a nivel global, pero que hay otros que están más relacionados con la cultura y la idiosincrasia de un país o una región. “En América latina el gusto por el dulzor es normalmente más elevado que en otros lugares del mundo”, asegura, y añade que ésa es una de las razones principales por las cuales el CIDCC de México es pionero en temas de reducción calórica. Es que, según Débora, si bien el sabor dulce es el principal factor para que una bebida resulte agradable, al mismo tiempo, hoy existe una enorme demanda por productos que no agreguen calorías a la dieta. “Por eso, la reducción calórica en nuestros productos es en la actualidad la prioridad número uno del negocio en América latina”, informa.

Identidad propia

Débora explica que, si bien la necesidad de reducir calorías y la búsqueda de productos con diferentes beneficios nutricionales son tendencias globales, “hay gustos que son muy latinoamericanos y eso tratamos de reflejarlo en los productos que desarrollamos en nuestro laboratorio”. Consultada acerca de qué es lo que más le entusiasma del trabajo que está realizando en el laboratorio, Débora asegura: “Nuestro gran desafío es analizar cómo innovar en la categoría de las gaseosas. Poder pensar en cómo será el refresco del futuro. Según nuestras tendencias, se tratará de un producto sin calorías, con nuevos ingredientes. Vemos que empiezan a mezclarse las categorías y eso es lo que estamos explorando en la actualidad”.