Una simple búsqueda en Internet cambió el rumbo de su carrera profesional y, al mismo tiempo, mejoró la calidad de vida de miles de niños argentinos. Agotado luego de una guardia médica que había cumplido en el Hospital de Vicente López, donde trabajaba, un día Nicolás Wertheimer tipeó en el buscador de su computadora: “Las 10 cosas que están cambiando al mundo”. Así, dio con una foto en la que se veía a niños africanos bebiendo agua cristalina a partir de un charco. Y pensó que esa era la solución para enfrentar un problema muy frecuente en el ámbito sanitario del país: la diarrea infantil que, sobre todo en las poblaciones de zonas vulnerables, se produce por la imposibilidad de acceder a agua apta para consumo y la falta de higiene, y que puede generar desde deshidratación severa hasta la muerte.

“En la imagen se veía un filtro purificador que, averigüé en ese mismo momento, estaba certificado por la Organización Mundial de la Salud. No dudé en escribirles a los desarrolladores suizos de esa tecnología, contándoles desde mi lugar de médico argentino cómo era la situación local. Meses después ya estaba hablando con Julián para ver cómo podía hacer para llevar los dispositivos a las escuelas rurales”, resume Nico. A su lado, y desde su rol de empresario social más que del personaje de actor y conductor que lo hizo famoso, Julián asiente: “La idea fue de él y yo fui una especie de acelerador”. Y añade: “Nico me escribió un mail porque sabía que yo estaba trabajando en temas de agua con Conciencia, mi propia marca. Pensé que él lideraba una ONG y que simplemente necesitaba recomendaciones para lograr importar los filtros. Aunque Nico me insistía para que nos reuniéramos, yo postergaba el encuentro porque creía que me quería agradecer en persona la ayuda que le había dado y le decía que no era necesario. Al final, me convenció y ahí me di cuenta de que había entendido todo mal: no me hablaba en nombre de una ONG, sino que quería ver qué posibilidades había de que nos asociáramos, aprovechando mis conocimientos en el armado de una empresa social”. Divertido, agrega: “Así fue como nos asociamos y lo que en él era una idea de transformar el agua ‘sucia’ en agua segura se transformó en el Proyecto Agua Segura, que ya lleva tres años de exitosa vida”.

En este punto, Nico aclara que una empresa social busca generar un triple impacto: que además del rédito económico, se preocupa por producir un efecto positivo en la sociedad y el medio ambiente.

Balance positivo

Si bien el Proyecto Agua Segura creció de manera constante desde su creación, Julián y Nico aseguran que 2017 fue un año de expansión y consolidación gracias al apoyo que recibieron de Coca-Cola de Argentina y la firma en Casa Rosada de un acuerdo que involucró a los ministerios de Desarrollo Social, de Agroindustria y de Educación. Como ejemplo mencionan que pudieron instalar 200 filtros en escuelas rurales y centros comunitarios de 13 provincias, lo que significa que se beneficiaron poco más de 10.200 chicos de zonas vulnerables del país.

“La verdad es que hoy sentimos que estamos haciendo lo que queríamos: cambiarle la calidad de vida a muchos chicos. Además, les estamos enseñando que el agua potable es un derecho, más allá de que se la brindemos nosotros, el Estado o un marciano”, evalúa Julián a modo de balance. Nico concluye: “Yo me siento totalmente pleno. Descubrí que además de mi ser de profesional de la salud tenía un ser emprendedor, al que cada vez le doy más valor. Tengo mis energías puestas en esto y estoy feliz con este crecimiento que se dio tan rápido”.

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