Cae la tarde en el Gran Buenos Aires y el frío se empieza a sentir en el cuerpo. En el comedor María Madre del Amor Hermoso, en González Catán, una mesa muy larga con mate cocido bien caliente y tortas fritas espera a unos 50 niños. Minutos antes llegaron al lugar los encargados de instalar un filtro de agua: indispensable en una zona que carece de agua segura y que, como tal, tendrá un impacto positivo en sus vidas al permitirles tener acceso directo y confiable a este recurso esencial.

La novedad del filtro se enmarca dentro del “Programa de Escuelas y Centros Activos”, una iniciativa que lleva adelante Proyecto Agua Segura en alianza con Coca-Cola de Argentina y el Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la Nación. Es el último de una serie de 15 filtros que se instalaron en lo que va de 2019, y el primero en la provincia de Buenos Aires: 10 fueron destinados a Misiones y los cuatro restantes, a Entre Ríos.

Cambio de hábitos

Como a partir de ahora el filtro se integrará a la vida cotidiana de los 200 niños que, en promedio, asisten a los dos turnos diarios del merendero, es importante que entiendan qué es y para qué sirve. Con eso en mente, Proyecto Agua Segura fue más allá de la instalación y organizó una serie de actividades lúdicas para que comprendan por qué importante el proceso de filtración del agua. Así, por ejemplo, todos tuvieron la oportunidad de pasar por un microscopio para observar los gérmenes, a los que luego dibujaron en una hoja y, más tarde, compartieron experiencias y sensaciones con el resto de sus compañeros.

Ahora será el turno de que la comunidad incorpore el purificador a su vida diaria. En esta etapa, las referentes del lugar tendrán un rol fundamental y estarán a cargo la tarea de mantenerlo en buenas condiciones para aprovechar al máximo su utilidad. “Hasta hoy teníamos que tomar agua de pozo. Por eso los chicos se entusiasmaron tanto. Están ansiosos, ya lo quieren estrenar. Eso así: a partir de ahora también hay que cuidarlo”, resalta Laura Davalos, mamá de uno de los niños, que asumió el compromiso con la alegría de saber que de esa manera aportará su granito de arena a un bien común.

De todas maneras, el filtro es de fácil mantenimiento: no necesita energía eléctrica ni baterías; se vale únicamente de la fuerza de la gravedad para eliminar los virus, bacterias y parásitos del agua no apta para consumo. “Hicimos un análisis profundo de la tecnología que utiliza para la limpieza del agua y realmente es muy buena. Es comparable a la nanofiltración, lo que permite que pueda retener los virus, que es lo más difícil porque, por su tamaño, consiguen atravesar cualquier otro filtro”, explica a Journey Cecilia Theulé, Directora Ejecutiva de Solidagro, asociación civil que trabaja junto a Proyecto Agua Segura en este programa. Y agrega entusiasmada: “Estamos garantizando un agua sin contaminación microbiológica”.

Lía Renzini, Directora de Programas de Proyecto Agua Segura, está contenta con los logros alcanzados: “Podemos haber participado de un millón de actividades, pero cada vez que vamos a un lugar nuevo es una experiencia distinta. Los chicos se enganchan, quieren aprender y hasta estudian antes de nuestra visita”, observa.  “El salto cualitativo es inmediato –continúa Lía– y el nuevo hábito se sostiene porque la comunidad también fue parte de la implementación. Nos ha pasado de llevar el dispositivo a escuelas donde los chicos estaban acostumbrados a ir a buscar agua al aljibe y al volver, un año más tarde, comprobamos cómo van directo al filtro. Se convierte en algo natural para ellos”.

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